jueves, 11 de octubre de 2007

Mientras me barro los pies...

Tengo veintitrés años. Aún muy joven, pero poco a poco me arrimo a la barrera de la madurez. Sino metal, al menos física. Y cuando uno va alcanzando la madurez, a su alrededor empiezan a surgir conversaciones nunca antes siquiera planteadas, que se repiten cada vez con mayor habitualidad…

Por alguna extraña razón hay una conciencia social que dice que para que la vida de una persona esté completa debe casarse y tener al menos un hijo (siendo recomendable dos), habiendo alcanzado así su meta exigida de familia feliz. Y esta conciencia además apremia a que consigamos estos objetivos con premura, dado que cuanto antes los alcancemos, antes podremos disfrutar del que sin duda debe ser el nirvana de nuestra existencia. Pues para variar, y como se intuirá por el tono utilizado, un servidor discrepa con estos principios.

El matrimonio. Me resulta cómico que mucha gente alegue a él como un estado superior de enamoramiento. Como alegando que casándote llevas la ternura y la pasión a un nivel superior. Por favor. Quizá no sea la persona más experimentada para hablar de ello, dado que aún a mi edad nunca he tenido una relación estable con una muchacha, pero sí tengo las ideas suficientemente claras para saber que si estoy enamorado de una persona, lo estaré independientemente del estado civil. No dudo que, al hacerme feliz, querré compartir todo el tiempo que me sea posible con ella. Y pondré todo lo que haya en mi mano para que ella sea feliz conmigo. Pero a la ley nada le importa eso. Es (y debe ser) algo entre nosotros. Porque, ya llegados a este nivel, la R.A.E. dice del matrimonio:

matrimonio.(Del lat. matrimonĭum):
1. m. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.
2. m. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia.

Ritos, formalidades legales, unión perpetua, prescripciones de la Iglesia… pero de amor nada. La Iglesia habla mucho y predica sobre el amor, me podéis decir. Sí, por supuesto, pero de forma ambigua y demasiado hipócrita para mi gusto. ¡Ay, con la Iglesia hemos topado!

No es de esto de lo que quiero hablar, así que no profundizaré mucho, pero hay que abrir los ojos a la realidad. La Iglesia es una institución antigua y anticuada (que no son necesariamente sinónimos), intolerante, apoyada en valores machistas, que defiende la jerarquía… Surgida en la Edad Media, y lamentablemente apenas evolucionada desde entonces. La Iglesia siempre ha sido un instrumento para proteger los intereses de las clases dominantes sobre el proletariado, el pueblo llano. Por eso la Iglesia siempre ha defendido los valores que fomentan el crecimiento del pueblo dominado, consiguiendo así más siervos, mano de obra… condenando las aptitudes que impiden este crecimiento. Por supuesto, el suicidio es pecado. El aborto es pecado. No deben usarse métodos anticonceptivos… El matrimonio es una herramienta más para garantizar esos intereses. Y la boda… un reclamo.

¡La boda! Lo cierto es que mucha gente por lo que se deja obnubilar no es por la idea del matrimonio en sí. Sí conocen el concepto, pero la idea que les embarga de bienestar es la de la celebración de la boda. Un día de placer y regocijo. Una celebración tan hermosa. ¡Qué guapa iba la novia! Maravillosa, preciosa, perfecta… Palabras que resuenan del pasado en nuestra cabeza. Por supuesto, un anzuelo con un cebo muy apetitoso para picar. Decoran lo que te convencen de que será tu futuro de una forma tan inmaculada que no puedes dejar de desearlo. Quizá egoístamente, todos quieren para sí una ceremonia como esa. Y seguramente para muchos es la prueba irrefutable y concluyente de que el matrimonio te procurará la felicidad.

Y por último, los hijos. No voy a criticar en absoluto la decisión de tener hijos, pero creo que debe tomarse responsablemente. Tener un hijo conlleva un compromiso enorme y constante, por lo que antes de aceptarlo creo que debes plantearte dos aspectos. Primero: ¿he vivido para mí lo suficiente? ¡Aprovecha la juventud! ¡Trata de alcanzar tus sueños antes de luchar por los de tus hijos! ¡Escápate! ¡Disfruta! ¡Vive tu vida antes de tener que vivir la de otra persona! Eso es para mí alcanzar tus metas en la vida. Y lo segundo: ¿estoy en las mejores circunstancias para tener un hijo? Porque un niño no es un juguete, y si no estas en las mejores condiciones y lo tienes sólo para saciar tu ansia egoísta, al final se traducirá en sufrimiento en mayor o menor grado para el pequeño, inocente de tus actos.

En conclusión, y ésta vez no hablaré de forma general, sino personalmente y refiriéndome únicamente a mí persona. No planteo casarme. No a corto o medio plazo al menos. Ahora quizá queráis llamarme hipócrita por plantearme siquiera la posibilidad de hacerlo. Pero lo cierto, es que sí hay razones que podrían llegar a convencerme. La primera es que, una vez habiendo conocido a una persona, habiéndome enamorado de ella, habiendo convivido con ella largo tiempo, y en definitiva, habiéndome convencido que no hay lugar mejor que a su lado, quiera dejar testimonio legal de que somos pareja. Por si algo me ocurriera, cederle ciertos derechos (sobre lo que en realidad ya ha sido mutuo) ante la ley. La segunda y última razón que se me ocurre ahora (quizá haya más) es porque casarse fuese algo importante para mi pareja. Por tanto, estando plenamente convencido de que esa persona me hace feliz, sin duda cedería a hacerla feliz concediéndole ese anhelo. Y ahora quizá alguien me quiera acusar de frío, de carente de romanticismo… y estaría completamente equivocado. Lo que pasa es que mi idea de romanticismo pasa por que una persona, a la que no le ata ninguna circunstancia legal o de otro tipo, siga a mi lado en todo momento. Saber que puede marcharse en cualquier momento sin rendir cuentas a nadie, y no lo hace. Y tratar de sorprendernos uno al otro en cada momento. Y conocernos completamente y sin embargo seguir aprendiendo cada día algo nuevo uno del otro. Y poder mirarnos con los mismos ojos que al principio. Y poder compartir esa pícara complicidad sin que eso convierta en predecible el uno al otro… Eso es algo que mantener día a día. En cualquier caso, estos pensamientos ya divagan un poco acerca del tema inicial, que era mi idea de la familia feliz, y no mi idea del amor (que quizá trate en otro momento). Sin embargo, el que piense que por someterse al santo sacramento del matrimonio queda exento de estos deberes es un necio sin lugar a dudas. Y por último, respecto a los hijos. Es algo que no quiero plantearme ahora mismo. Soy muy joven, y tengo mucho por vivir. Aún tengo mucho que luchar por mis sueños, y disfrutar de mi vida antes de responsabilizarme de la de otra pequeña persona. Eso no quiere decir que lo descarte. Quizá en el futuro, si encuentro a la persona adecuada y habiendo ya podido disfrutar de nuestras propias vidas intensamente, pueda pasar a considerar un hijo como un motivo de alegría y no como una pesada carga o responsabilidad. Pero a ese día le falta mucho por llegar. Antes tienen que pasar muchas cosas. Quiero seguir mi propio camino, y no el que otros marcan para mí.




P.S.: Esta entrada me ha quedado muy larga y un poco densa. Espero al menos haber sabido expresar correctamente lo que opino para no ser malinterpretado.

sábado, 6 de octubre de 2007

Cazado por una loba

Sabía que tarde o temprano pasaría, y no es algo que haya tratado de evitar. Soy un bocadito demasiado suculento para una de estas lobas que circulan por ahí. Como una fiera se abalanzó sobre mí y ya no pude negarle nada. Necesitaba compañía, y yo a quien acariciar y quien aullara junto a mí...

A quien me refiero podéis verlo aquí mismo en el blog, a la derecha, bajo mi perfil. De nombre: Cicatricia. Jugando con ella se la puede hacer aullar, gruñir, hacerla sentar, o que os arranque un suculento trozo de carne de las manos (haciendo clic en more). Pero como alguien se propase con ella... también le arrancaré un trozo de carne (y no de las manos) ò_ó

(Cierto... lo que hace el aburrimiento...=P)

viernes, 5 de octubre de 2007

Triste y sola se queda Fonseca

Ha vuelto a empezar el nuevo curso académico, y por primera vez (al menos desde los tres años) me he librado de sus garras. Gracias al "milagro" de aprobar numérico in extremis post-revisión, este año me he quedado sin asignaturas. Vale, sin duda era el objetivo a cumplir desde el principio, pero no deja de resultar extraño. Las clases comienzan y la cosa no va conmigo en absoluto. Debería estar contentísimo, dar saltos de alegría, estar eufórico... y en cierto modo lo estoy, o al menos lo estuve en los primeros momentos, pero ahora estoy, principalmente, confuso.

Este año se acabaron los innumerables viajes de autobús con trasbordo ida y vuelta. Las carreras entre parada de uno y parada de otro. Se acabaron las ansias iniciales por cuadrar un horario decente. Se acabaron las comidas en marina civil (seguramente hechas con carne de ex-alumnos) donde disfrutaba del momento de relax la mayoría de las veces con buen humor y buena compañía. Y de las otras, en la cafetería, donde tras largo rato del pedido me daba cuenta de que se habían olvidado de mí y tocaba comerse el bocata frío y casi sin masticar para ir a clase a su hora. Se acabaron las clases monótonas garabateando los márgenes de los apuntes, o las portadas de las carpetas de propaganda que dan en la fotocopiadora. Y también las que pasaba cuchicheando y riendo por lo bajo olvidándome a veces de que estaba en un aula. Y sobre todo, se acabaron las incalculables horas sentado en las escaleras, charlando animadamente de nada importante con un siempre café de la máquina en la mano.

Y sí, siguiendo el tópico: he reído y he llorado. Y he conseguido conocer bien a mucha gente, para bien y para mal. Cinco años son muchos años al fin y al cabo, y da tiempo a vivir muchas experiencias (que quizá me anime a ir contando poco a poco) . Sería injusto señalar un año como "el mejor" porque cada uno ha sido especial a su manera. Sí los ha habido mejores y peores, pero todas las experiencias me han ayudado a llegar donde estoy tal y como estoy ahora, donde aunque eche en falta ciertas cosas, estoy muy agradecido y orgulloso de las que he conseguido. Y teniendo bien presente que siempre he sido honesto conmigo mismo y con todos los demás.

De la Universidad me llevo unos cuantos colegas, pero sobre todo algunos de esos amigos1 de los que se dice la expresión "para toda la vida". No son muchos, pero ellos saben muy bien quienes son. En los que confiar siempre y por los que daría todo, porque no sería más que devolverles lo que ya me han ido dando poco a poco. Decir toda la vida quizá es una predicción demasiado anticipada... pero ojalá que sea por mucho tiempo. Si siempre van a seguir siendo igual, cuanto más tiempo, mejor.

Aún me queda ¿un año? (a saber...) haciendo un proyecto fin de carrera de iniciativa propia del que espero poder estar muy orgulloso, pero que llevaré a cabo desde casita. Y por todo esto, un año sin pisar la facultad me va a resultar muy extraño...





(1): Por si la escrupulosidad de la palabra no llegara a dejarlo entrever, por amigos trato de englobar ambos sexos, porque me parece ridículo usar "@" o similares artificios en dos de cada tres palabras. En cualquier caso, insisto en que eso no debería despistar en absoluto de reconocerse en este marco a quién realmente está por méritos propios.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Garabatos de grafito

Ya tocaba actualizar, y ante la ausencia de un motivo, una musa o simplemente ganas de filosofar (todavía no lo tengo muy claro), esta vez me decanto por publicar otro dibujo. Aunque soy plenamente consciente de mis limitaciones en este aspecto, procuro siempre hacerlo lo mejor posible (como todo en lo que me involucro) esperando suplir con persistencia y práctica la escasez de talento. Además, en mi opinión, dibujar no es sólo un ejercicio artístico. Nos permite conocer mejor la naturaleza humana, no sólo a nivel físico, sino también emocional. Para dibujar no basta con conocer y aplicar bien las proporciones, sino saber transmitir emociones y sentimientos a partir de gestos y actitudes. Ésto podemos aplicarlo luego a nuestras vidas, transformando esa capacidad de observación en cierta empatía con las personas. Y esa es al fin y al cabo el objetivo que todos buscamos, incluso alguien tan socialmente inepto como yo. Todos buscamos el reflejo y el complemento de nosotros mismos en los demás. Queremos sentirnos comprendidos y queridos. Y para ello lo primero es necesariamente comprender y conocer a los demás. En cualquier caso, alcanzar a comprender y empatizar con alguien no implica que sepamos actuar en consecuencia... pero es un paso obligado.

En fin, la muchacha en cuestión empezó tomando como modelo a una famosa, pero en vista de que el resultado final se parece tanto como un percebe a un centollo, no tiene sentido decir quien era.

P.S.: Al final, y sin darme cuenta, he filosofado más de la cuenta...

miércoles, 19 de septiembre de 2007

¡¡Esto es ESPARTA!!

Nosotros, los estudiantes de la EUITIG, descendemos del mismísimo Hércules. Nos enseñó a no retirarnos jamás... a no rendirnos jamás. Nos enseñó que palmar numérico después de un mes de estudio es la mayor gloria que se puede alcanzar en la vida. ¡Viesquenses! ¡Los mejores estudiantes que el mundo ha conocido!

Para conmemorar tamaña gloria he hecho un dibujito del amigo Leónidas...



¿Una locura? ¡¡Esto es VIESQUES!! ò_ó

viernes, 7 de septiembre de 2007

¿Qué es Pino? Pino es Pino...

Durante la última etapa de éste curso descubrí, casi por casualidad, un anime japonés adulto al que la crítica trataba muy bien. La verdad, sólo con ver imágenes sueltas me entró la curiosidad. Dibujo tradicional pero de trazos modernos y mezclado de forma convincente con animación en 3D. Estética cyberpunk. Pintaba bien. Hacía tiempo que no veía ningún anime y éste estaba catalogado como todo un thriller. La única pega es que no estaba disponible en español. Ni en inglés tampoco. Me descargué y me tragué toda la serie en japonés con subtítulos en español latino. Una traducción paupérrima, llena de errores ortográficos, gramaticales, frases mal construídas (incluso a veces carentes de sentido) y modismos sudamericanos. Pero era la única alternativa completa, así que simplemente lo soporté.

Y estoy contentísimo de haberlo hecho, porque descubrí una joya. Una historia muy inteligente, giros en la trama muy acertados, personajes carismáticos y realmente tridimensionales... Y la mejor secuencia de opening que recuerdo en cualquier anime (aderezada por la canción Kiri del grupo Monoral). No es un anime precisamente violento, pero desde luego os advierto que no es para niños. La historia es demasiado complicada y hay ciertas escenas excesivamente crueles para ellos. Sin embargo, si sois adultos (o al menos eso dice en el DNI), tanto si ya estáis familiarizados con el género como si nunca os habéis animado a ver algo así, no se me ocurre mejor alternativa para que os quedéis enganchados a una serie. Ah, el título... Ergo Proxy.

¿Y por qué digo todo esto ahora? Bueno, tiene una explicación simple. Esta serie ha sido licenciada en España y "pronto" veremos los capítulos en alguna cadena de cable y seguramente, también a vender por ahí en DVD. Actualmente está terminando de editarse doblado al inglés en DVD, y a mí ya sólo me falta el último de los discos, que se lanzará el 24 de Septiembre. Volveré a verla doblada y subtítulada al idioma de Shakespeare para aclarar algunos puntos que me quedaron un tanto difusos, debido principalmente a la pésima traducción.

Y por todo ésto, ayer me apeteció dibujar algo relacionado con la serie a modo de pequeño homenaje personal. Mi elección ha sido el personaje de Pino, un autorave infectado por el virus cogito, perteneciente al triunvirato protagonista y con una personalidad realmente encantadora.



sábado, 1 de septiembre de 2007

C'est la vie!

Está claro que cuando estamos a punto de dar un gran paso hacia adelante es cuando más propensos somos a volver la vista atrás. A recordar los acontecimientos o sentimientos que nos evoca el cambio. Así es como, a escasos diez días de examinarme de la última asignatura de mi carrera, peleando con matemáticas puras (fiel reflejo de lo que ha sido ésta diplomatura), no puedo evitar esbozar una tímida sonrisa amarga al recordar lo mucho que ha pasado desde que comenzó mi andadura y como han cambiado mis intenciones y mi carácter desde entonces.

Tiempo antes del 2002, año en el que comenzaría mi aventura académica, ya tenía clarísimo los estudios que quería cursar. Ni un atisbo de duda ensombrecía mi determinación. Quería hacer periodismo. Concretamente, quería llegar a ser reportero, corresponsal en el extranjero. Sin embargo esa autodeterminación provocó que la frustración fuese mayor cuando supe que dichos estudios estaban lejos de mis posibilidades. No académicamente, donde a riesgo de parecer vanidoso diré que creo que tendría sobrada capacidad para desenvolverme, sino de forma literal: las Universidades más cercanas aún estaban fuera de la provincia, donde mantenerme estaba lejos del alcance económico de mi familia.

Así que tuve que buscarme una alternativa más asequible. Aconsejado de cara a la salida laboral de cada profesión, cursé el bachiller de ciencias con optativas de ámbito científico-técnico. Para cuando acababa la enseñanza secundaria ya estaba bastante claro la facultad donde iba a entrar. En realidad no puedo decir que lo escogiese... más bien me llegó. Un cúmulo de circunstancias que determinaron que Ingeniería en Informática era el camino evidente a seguir. Una profesión jóven, con futuro, con antecedentes en la familia (lo que siempre empuja), y lo cierto es que en los últimos años (los primeros de la generación de 32 bits en las consolas) había desarrollado una curiosidad creciente por saber cómo se hacían los videojuegos. Me fascinaba aprender sobre ese mundo donde se mezclaban ámbitos aparentemente tan dispares como las matemáticas, la tecnología y las bellas artes. Un mundo lejano de la aburrida contabilidad con la que siempre había relacionado los trabajos que involucraban ordenadores, más mágico, más artístico... más bohemio. Y cursar esa carrera era la única forma de saciar mi curiosidad. Digamos que seducido, me dejé llevar.

Y desde que empecé, no ha habido dos años iguales ni he conocido dos personas iguales. En tan sólo cinco años he tenido oportunidad de experimentar los más diversos estados de ánimo. La gente ha conseguido que me haya sentido arropado, cuidado, querido, mimado, sorprendido, desconfiado, decepcionado, inquieto, menospreciado, desilusionado, solo... y un largo etcétera que día a día aún sigo experimentando. Puedo recordarme soltando carcajadas despreocupadamente, y también derramando algunas lágrimas en silencio. Sin embargo, a todas las personas que me he cruzado, las que me han hecho bien y las que me han hecho mal, sólo me resta darles las gracias. Porque todas las experiencias las necesitamos, y sin ellas no se habría forjado la madurez y el carácter que he alcanzado.

Sin embargo, ahora que rozo la cima no dejo de sentir cierto vértigo tanto por lo que he pasado como por lo que ansío alcanzar. Y con la cada día creciente necesidad personal de publicar una obra literaria, me pregunto que añoro tanto de la profesión de comunicador como para considerarla aún un oficio atractivo. A poco que reflexione siendo sincero conmigo mismo, es fácil alcanzar la respuesta. Viajar, ver mundo, recibir de primera mano la información. Ser testigo de la cara más alegre del mundo y también de la menos amable. Y sobre todo poder ser capaz de interpretarlo todo, sacar mis conclusiones, poder mostrar mi punto de vista, ayudar a desarraigar cierta mentalidad hipócrita del mundo... No obstante, sería un embustero si no admitiese otro enfoque: el de llevar una vida ajetreada en la que darle pocas oportunidades a la gente. Oportunidades tanto de contribuir a mí felicidad como de defraudarme. Porque, reconozcámoslo, temo a la gente. Bueno, quizá no en el sentido estricto, pero temo no poder contar con ella. Nunca he vacilado en ayudar o defender a una persona que realmente me importe con uñas y dientes, hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, siempre he sido reticente a que las personas alcancen conmigo un compromiso por el miedo llano a que no lo cumplan. Siempre he temido que lo que considero recíproco no llegue a serlo, aunque quizá fuere sólo por mi culpa, por mi incapacidad para expresarlo con claridad. Por eso he preferido vivir en la ignorancia y no ser siempre del todo transparente. Porque, y he aquí una advertencia, cuando se es transparente también se es tan frágil como el cristal.