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domingo, 1 de febrero de 2009

Resquebrajando a Cherry

Hace no mucho ha sido el cumpleaños de Zorro (¡y una mierda! Pero la única forma de sacar a ese tío de su madriguera es lanzar una granada de gas dentro), así que tuve que ponerme las pilas y pensar algo que le pudiera gustar y sorprender.

¿Qué le puede gustar a un proyecto de psicópata? - Pensé. Por suerte gracias a ver muchos episodios de CSI, Mentes Criminales y demás, he aprendido a meterme en la mente del asesino. Y cuando yo me meto en un papel, me lo tomo a pecho =P

Todo eso me hizo recordar la temática candidata ideal para el regalo... Para quien no la conozca, Dexter es una serie de Showtime que trata sobre un asesino psicópata que siente la necesidad de matar por un trauma infantil. Por suerte de pequeño, su padre adoptivo (policía de profesión) le enseñó en parte a controlarse, y asesinar sólo a aquellos que lo merecen y han conseguido escapar del sistema. Además que Dexter haya conseguido llegar a forense de la policía le facilita la labor de recopilar la información que necesita para la caza.

En su primera temporada la serie se centra en la saga del asesino del hielo. En ella una serie de asesinatos atípicos llaman la atención de Dexter. A lo largo de la ciudad aparecen varios cuerpos mutilados y empaquetados sin haberse derramado ni una gota de sangre en el proceso. Ésto consigue despertar la curiosidad y admiración de Dexter por los métodos del autor, y ahí comienza una batalla de brillantes mentes psicópatas.

Pues bien, esa temporada de la serie está basada en una novela: El oscuro pasajero, de Jeff Lindsay. La elección del regalo estaba clara. Sin embargo mi decepción se desató cuando no conseguí encontrar la edición guapa del libro, y tuve que conformarme con la de bolsillo. No estaba tan mal, pero tapas blandas de cartón sin sobrecubierta... no lo convierten en algo visualmente atractivo aunque el contenido sea el mismo. Así que no tuve más opción que darle a la presentación algo de teatralidad...


En la mencionada saga del asesino del hielo, Dexter se ve sorprendido por todo lo que el asesino parece saber de él. Un día al llegar a casa Dexter se encuentra con un desafío de su parte. Al entrar en su casa se da cuenta de que algo no va bien: en la puerta del congelador de su nevera ve colgando y mirándole fijamente la cabeza de una muñeca. Al acercarse y abrir la puerta de éste ve en su interior el resto de su cuerpo de plástico, desnudo y mutilado, con un pequeño lazo rojo en cada uno de sus miembros... una especie de sádico regalo. Una idea macabra y divertida se me vino a la cabeza.


Ni corto ni perezoso compré el material que necesitaba: una caja suficientemente profunda, una muñeca barbie y unos metros de lazo rojo. No creo que haga falta dar muchas pistas más. Bastó colocar el libro en un falso fondo bajo la caja, y encima la decoración... Fuera, la cabeza cosida colgando de la tapa era el último detalle que necesitaba. El resultado continuación.

1. El libro al fondo de la caja



2. La alegre decoración



3. Listo para entregar


Respondiendo a las preguntas que os puedan venir a la cabeza. Primero, no, no soy un psicópata... sólo muy original. Y segundo, no, no violé a la muñeca antes de mutilarla... el sexo fué consentido... :P

lunes, 26 de noviembre de 2007

¿Espejo... del alma?

No es ningún secreto que me gusta dibujar y, en general, las manualidades. Son actividades creativas que permiten ocupar el tiempo sin provocar en exceso la sensación de estar perdiéndolo. Además contribuyen a canalizar la ilusión. Mientras se están llevando a cabo se deposita en el trabajo una ilusión, la ilusión por hacerlo bien, que hace más llevadero el esfuerzo requerido. Y una vez terminado el trabajo, toda esa ilusión depositada se nos devuelve en forma de orgullo y satisfacción personal.

Estas semanas he necesitado algo en lo que depositar ilusión y que consiguiera distraerme a corto plazo, así que me propuse hacer algo para decorar una pared desnuda de mi habitación. Como no me siento suficientemente orgulloso de los dibujos a lápiz que hago de vez en cuando como para enmarcarlos y colgarlos, me propuse hacer algo más elaborado: decorar un espejo. Una noche ociosa hice el diseño y en cuanto tuve ocasión fuí a la cristalería a pedir que me cortasen un espejo DIN A4.

No sé si alguna vez habréis hecho algo así. El caso es que no se pinta sobre el espejo. Un espejo no es más que un cristal pintado por su parte trasera con varias capas de pintura especial que lo vuelve reflectante. Lo que se hace es hacer el diseño invertido en la parte trasera y después rascar toda esa pintura hasta dejar transparentes las partes necesarias. Ésta es la etapa más complicada, larga y cansada. Complicada porque aquí no hay goma de borrar, así que no vale equivocarse. Larga porque las capas de pintura son duras de rascar para dejar el cristal suficientemente limpio (Yo he usado un pequeño punzón y le habré dedicado entre 30 y 40 horas). Y cansada porque rascar toda esa pintura durante tanto tiempo fatiga los dedos, muñeca, codo y espalda. Al menos después de acabar sólo resta pintar y estará listo.

El diseño que he elegido está tomado de un póster de la película El Cuervo (podéis ver el original aquí). La razón es que pese a que se trata probablemente de mi película favorita nunca había dibujado nada relacionado con ella. Sólo he usado dos esmaltes: rojo para el título y negro para el resto (sin contar el jugar con el propio espejo como "color" extra). No sé que os parecerá a vosotros, pero yo estoy francamente orgulloso del resultado.


P.S.: Las fotos no son buenas, pero ya es difícil fotografiar un espejo con una cámara decente... así que imaginaos con una indecente. En la segunda el renglón pixelado es simplemente mi nombre, que no me apetecía divulgarlo por la red.