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sábado, 21 de agosto de 2010

Veletas ("Dart Flights") artesanales

Hace unos días, paseando por los pasillos de un conocido centro comercial me topé de narices con uno de esos chismes que te tienen el poder de atraerte hacia ellos con sus cantos de sirena, invitándote a que te atrevas a manosear su embalaje mientras con una leve sonrisa dibujada en los labios fantaseas con las posibilidades de diversión que le podrías sacar...

...pero decidí dejar los condones en su sitio y dedicar mi dinero a algo más productivo para mi actual vida de retiro espiritual involuntario. Como una diana. Sí, una diana estaría bien. Y si fuera electrónica ya sería la repanocha. Y allí mismo ante mis ojos se exhibían dos alternativas de diferente tamaño. Con la inicial idea de comprobar cual de las dos se adaptaría mejor a mis necesidades cogí la mayor para acto seguido fijarme en el precio. Una vez mentada la progenitora del artilugio la volví a depositar cuidadosamente en la balda donde la había cogido. Me atreví a coger la segunda... y ahí el precio me resultó infinitamente más razonable. Débil, como la carne de la que estoy hecho (y que generosamente ofrezco a toda muchacha de turgentes fibras interesada en probarlas), no pude sino sucumbir ante el principal pilar que sostiene el sistema capitalista: los caprichines.

Con una sonrisilla de infante ilusionado y satisfecho, la llevé a casa debajo del brazo.Y así empezó el pique. Y las partidas encadenadas. Y el tener que compartir los dardos constantemente porque la diana sólo viene con dos juegos y las partidas son de tres jugadores. Entonces recordé que yo ya había tenido una diana (de las corrientes, no electrónica), y muy probablemente algún dardo todavía rondaría por entre los cajones. Aparecer, aparecieron... pero como veteranos de guerra mutilados: puntas dobladas y sin veletas. Pero como soy hombre de recursos, me remangué (metafóricamente, porque con este calor cualquiera se pone manga larga...) y me puse manos a la obra.

El primer problema es que las puntas de repuesto de la diana eran de rosca más gruesa que la de los barriletes de los dardos viejos. No problemo. Un poco de lija fina y... ¡como un guante! Pero aún quedaba el problema principal: sin veleta, al lanzar el dardo es como tirar un palo a un perro, sale volando dando vueltas como recién salido de la mano de un lanzador de cuchillos.

Me puse a pensar un poco (pensar == buscar por internet si alguien ya ha hecho lo que necesitas), y encontré una alternativa bastante básica, pero que parecía aceptable. Estaba convencido de que pegar varios papeles sueltos para hacer la veleta era una guarrada, pero esta solución consistía en conseguir la veleta doblando un papel de 4x4 cm. No obstante el diseño final era muy pobre... demasiado básico. Pero como la idea era buena, la tomé como base para mi diseño. Una vez elegida la forma y dibujado el desarrollo, el resultado de la plantilla fué el que esquema que dejo a continuación, por si le pudiera servir de ayuda a alguien.



Sólo quedaba ponerle un bonito diseño (en mi caso los "cuernos" del heavy entre unas alas netras y tras una banda flotante con mi nombre) e imprimir en papel de 120gr. Plastificar con forro adhesivo para libros, recortar y doblar "en monte" por las marcas grises continuas y "en valle" por las punteadas (obviamente esas marcas no las imprimí, son únicamente para el esquema explicativo). Aplicar un poquito de pegamento para papel en los bordes de la figura por el dorso y... voilà, unos dart flights artesanales, personalizados y bastante resultones. Testimonio gráfico a continuación :)


lunes, 2 de agosto de 2010

Yo tenía un blog...

Es una de las frases que más me vienen a la cabeza últimamente... "Yo tenía un blog". Y con ella me viene a la cabeza todo el tiempo ha pasado desde que un día decidí probar suerte y escribir algo medianamente coherente que fuera visible y accesible para todo aquel que quisiera verlo. Y la experiencia me gustó.

Tras ello vino une época incluso en la que me lo tomé en serio. O al menos todo lo serio que se puede tomar uno el tratar de hacer humor. Escribí una serie de ¿monólogos? con cierta regularidad de los que me siento satisfecho (orgulloso me parece demasiado decir, sobre todo releyéndolos años después), y que me permitieron recibir algunas felicitaciones de personas anónimas, ajenas a mi entorno. No muchas evidentemente, pero las suficientes como para sentir la agradable sensación de que a alguien considera divertido algo que has hecho con tal fin.

Después de eso me dí cuenta que la constancia y el esfuerzo que me requería llevar a cabo esos textos estaban consiguiendo que perdiese mi afición por ello, así que decidí cambiar de objetivo. Pasé a usar el blog como vía de escape... una columna de opinión donde expresar mis sentimientos y opiniones, mis decepciones, mi alegría o mi más profunda indignación. Y todo ello intercalado con la constante de publicar dibujos de cosecha propia ocasionalmente.

Y precisamente esa afición que me acompaña desde niño por dibujar (¡o por intentarlo!) me llevó a empezar a dibujar alguna tira cómica non sequitur, e incluso plantearme la idea de hacer un comic completo, con una historia entera a desarrollar en episodios. Sin embargo, cada vez que intento dimensionar el esfuerzo que conllevaría me doy cuenta que no es una golosina con la que saciar el capricho de una tarde tonta de domingo. Me topo con la realidad del trabajo necesario para llevarlo a buen puerto y postergo indefinidamente la decisión final de si intentarlo por no querer creérmelo del todo... por si en algún momento la evaluación acaba determinando que ese esfuerzo me compensaría.

Y así llegamos al dia de hoy, donde cumplen ocho meses desde que publiqué mi última entrada. Última entrada que ya había sido bastante descafeinada. ¿Y entonces? ¿Qué pasa? Pasa que llevo un tiempo que me noto dando bandazos como un niño caprichoso, no acabando de decidir donde quiero invertir mis esfuerzos. Queriendo abarcar mucho, y por ende, apretando poco. Y desaprovechando y derrochando ese bien cada vez más escaso y más valioso que es el tiempo.

No obstante, no he estado de brazos cruzados todo este tiempo. Pese a todo, he empezado a hacer cosas que quería hacer y de las que espero empezar a ver resultados pronto. Y he hecho propósito de recuperar viejos y saludables hábitos descuidados, como puede ser volver a escribir con cierta regularidad. No sé sobre qué, pero ya va siendo hora de recuperar la capacidad de improvisación que antes explotaba tanto. Hay que ponerse manos a la obra...

martes, 15 de diciembre de 2009

Reflexiones Fin de Carrera

Pues nada, este viernes pongo punto y final a mi trayectoria universitaria y me quito de encima, de una vez por todas, la losa que ha supuesto el proyecto fin de carrera.

Empecé el proyecto con un enorme entusiasmo, pero por diversas circunstancias (las más graves ajenas al propio proyecto), el desarrollo se fué extendiendo más de lo inicialmente previsto, la moral fué decayendo, y el interés mermando. Empezó a acompañarme permanentemente la sensación de estar permanentemente cansado, junto a otros sentimientos nada agradables y que no deseo para nadie.

Vi desmoronarse el mundo a mi alrededor, todas las cosas que siempre había dado por sentadas. Nunca he sido una persona insegura, y en cambio perdí gran parte de la confianza que tenía depositada en mi mismo. La cabeza siempre ocupada en otras cosas, incapaz de concentrarme en trabajo alguno... y sin embargo aún intentándolo. Porque hay cosas que no estan en manos de uno arreglarlas, y sólo queda sobreponerse a la impotencia que te provocan... Pero cuando hay una espinita que te molesta y sólo depende de tí, hay que hacer todo lo posible por arrancarla.

Tocó apretar los dientes y tirar adelante. En la vida y en el proyecto. En el proyecto he conseguido el objetivo planteado. En la vida me queda mucho por conseguir, espero. Pero de momento he recuperado la confianza y, pese a las dificultades, también las ganas de reír, de divertirme y de disfrutar. Y voy a hacer todo lo posible por conseguirlo.

En realidad no planeaba escribir nada de lo que he escrito. Ni siquiera estaba pensando en todo eso. Y sin quererlo, ahí esta. Lo que al principio iba a ser un "el viernes presento el proyecto... y de paso aquí os dejo un dibujaco que acabo de hacer" me ha quedado más largo de lo que podía imaginar. Supongo que son esas cosas que a veces uno necesita decirse a sí mismo.

No obstante eso no cambia lo del dibujaco caricaturesco. Ahí queda.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Caer está permitido

Algo que se me pasó por la cabeza y lo dibujé tal cual.



<< Caer está permitido, levantarse es obligatorio >>

domingo, 1 de febrero de 2009

Resquebrajando a Cherry

Hace no mucho ha sido el cumpleaños de Zorro (¡y una mierda! Pero la única forma de sacar a ese tío de su madriguera es lanzar una granada de gas dentro), así que tuve que ponerme las pilas y pensar algo que le pudiera gustar y sorprender.

¿Qué le puede gustar a un proyecto de psicópata? - Pensé. Por suerte gracias a ver muchos episodios de CSI, Mentes Criminales y demás, he aprendido a meterme en la mente del asesino. Y cuando yo me meto en un papel, me lo tomo a pecho =P

Todo eso me hizo recordar la temática candidata ideal para el regalo... Para quien no la conozca, Dexter es una serie de Showtime que trata sobre un asesino psicópata que siente la necesidad de matar por un trauma infantil. Por suerte de pequeño, su padre adoptivo (policía de profesión) le enseñó en parte a controlarse, y asesinar sólo a aquellos que lo merecen y han conseguido escapar del sistema. Además que Dexter haya conseguido llegar a forense de la policía le facilita la labor de recopilar la información que necesita para la caza.

En su primera temporada la serie se centra en la saga del asesino del hielo. En ella una serie de asesinatos atípicos llaman la atención de Dexter. A lo largo de la ciudad aparecen varios cuerpos mutilados y empaquetados sin haberse derramado ni una gota de sangre en el proceso. Ésto consigue despertar la curiosidad y admiración de Dexter por los métodos del autor, y ahí comienza una batalla de brillantes mentes psicópatas.

Pues bien, esa temporada de la serie está basada en una novela: El oscuro pasajero, de Jeff Lindsay. La elección del regalo estaba clara. Sin embargo mi decepción se desató cuando no conseguí encontrar la edición guapa del libro, y tuve que conformarme con la de bolsillo. No estaba tan mal, pero tapas blandas de cartón sin sobrecubierta... no lo convierten en algo visualmente atractivo aunque el contenido sea el mismo. Así que no tuve más opción que darle a la presentación algo de teatralidad...


En la mencionada saga del asesino del hielo, Dexter se ve sorprendido por todo lo que el asesino parece saber de él. Un día al llegar a casa Dexter se encuentra con un desafío de su parte. Al entrar en su casa se da cuenta de que algo no va bien: en la puerta del congelador de su nevera ve colgando y mirándole fijamente la cabeza de una muñeca. Al acercarse y abrir la puerta de éste ve en su interior el resto de su cuerpo de plástico, desnudo y mutilado, con un pequeño lazo rojo en cada uno de sus miembros... una especie de sádico regalo. Una idea macabra y divertida se me vino a la cabeza.


Ni corto ni perezoso compré el material que necesitaba: una caja suficientemente profunda, una muñeca barbie y unos metros de lazo rojo. No creo que haga falta dar muchas pistas más. Bastó colocar el libro en un falso fondo bajo la caja, y encima la decoración... Fuera, la cabeza cosida colgando de la tapa era el último detalle que necesitaba. El resultado continuación.

1. El libro al fondo de la caja



2. La alegre decoración



3. Listo para entregar


Respondiendo a las preguntas que os puedan venir a la cabeza. Primero, no, no soy un psicópata... sólo muy original. Y segundo, no, no violé a la muñeca antes de mutilarla... el sexo fué consentido... :P

jueves, 11 de diciembre de 2008

¡Navidad, navidad!

Bueno, pues a lo tonto ya llevo mes y medio trabajando, y salvo por los madrugones a los que estaba desacostumbrado, la verdad es que estoy encantado. Estoy rodeado de gente de una calidad tanto profesional como personal increíble. El clima que se respira es sumamente distendido y amable, pero la gente está realmente involucrada en el trabajo lo que trae como consecuencias unos resultados de calidad irreprochable. La gente te escucha y valora tus opiniones sin establecer artificiosas y rígidas jerarquías. Vamos, que está mal que yo lo diga, pero Índigo mola.

Cuál sería mi sorpresa cuando hoy nos han regalado una cesta de navidad tan fabulosa que resulta increíble. Para dejar testimonio gráfico dejo la siguiente imagen del contenido de la cesta ya desembalada, y debajo la lista del contenido.




Contenido:
  • Selección de porciones VIRGINIAS
  • Bombones CAJA ROJA NESTLÉ (caja pequeña)
  • Torta de turrón crujiente de chocolate LACASA
  • Mazapanes de manzana asada LACASA
  • Turrón de yema PICÓ
  • Turrón de Alicante PICÓ
  • Turrón de Jijona PICÓ
  • Cuña de queso EL PASTOR DE LA POLVOROSA
  • Almedras naturales SEKITOS
  • Neulas Artesanas EL HORNO DEL ABUELO
  • Dátiles selección SEKITOS
  • Corazones de mantequilla CASTELLO
  • Chocoglacé (Bollitos bañados en chocolate) CASADO SELECTION
  • Tortitas de polvorón EL SANTO Estepa
  • Paleta Bodega Artesana REDONDO IGLESIAS
  • Chorizo ibérico de bellota de Salamanca REDONDO IGLESIAS
  • Salchichón ibérico de bellota de Salamanca REDONDO IGLESIAS
  • Cava FREIXENET BRUT NATURE Cordón Negro x 2 botellas
  • Rioja CampoAlto (Tempranillo) x 2 botellas
  • Whisky JB 50 cl.

Casi nada... Así da gusto ir a trabajar =P

martes, 2 de diciembre de 2008

Estrenando la tableta digital

No creo que a estas alturas los que leéis este blog os sorprenderíais si os digo que me gusta dibujar. El caso es que llevo un mes trabajando, por lo que con parte de mi primer sueldo he podido permitirme un capricho que tenía desde hace tiempo: una tableta digital. Ayer mismo la compré, y nada más probarla se me quedó una sonrisa perenne de oreja a oreja. En fin, todo un gustazo. No diré la marca porque no me apetece hacer publicidad de una tableta tan increíble como la Wacom Bamboo Fun tamaño A6.

En fin, entre el trabajo y el proyecto fin de carrera no me queda mucho tiempo libre para dedicar a mis cosillas... pero quizá con la versatilidad del invento éste pueda permitirme actualizar más a menudo. De momento os pongo aquí mi primer experimento con el cacharro en cosa de veinte minutos. No lo he dibujado con mis herramientas habituales porque quería probar el software que venía con ella (ArtRage), pero el próximo ya será otra vez cosa de Photopaint.

Ah, y por si alguien no se ha da cuenta, se trata de un boceto de cómo dibujar mi personaje en las próximas tiras, porque sí... me he quitado las greñas.

martes, 21 de octubre de 2008

Skynet se llama Cuélebre

Para quien no lo sepa soy estudiante de Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas, actualmente desarrollando el PFC (Proyecto Fin de Carrera) en el que llevo ya casi invertido un año. Cuando lo propuse sabía que sería un volumen de trabajo enorme que conllevaría un largo tiempo de desarrollo. A lo largo de este tiempo lo he visto crecer, enorgulleciéndome de él como un padre de su hijo. Sin embargo, como un estudiante de primaria adicto a la bollería industrial, su tamaño crece aceleradamente y sin pausa, y el volumen que tengo calculado que alcanzará empieza a asustar.

También como un padre digo que ojalá crezca sano y fuerte, ¡y me termine pronto la carrera! Pero lo digo un poco con la boca pequeña... temiendo el día en el que se revele a su creador.

Para entender la gracia de este cómic ya aviso que hay que ser un poco friki y haber visto Terminator III (son requisitos independientes).

jueves, 2 de octubre de 2008

Rabia y dolor

Hace escasamente una hora, cuando bien repantingado me disponía a jugar con mi consolita portátil, he tenido un desagradable incidente.


Por alguna extraña razón que escapa a mi comprensión, la muy guarra de la tarjeta SD donde se almacenan todo archivo susceptible de ser reproducido, mostrado o ejecutado en la consola empezó a tener un comportamiento extraño. Como zombies empezaron a resurgir de entre las tinieblas archivos ya eliminados hace tiempo, que para colmo compartían nombre con los ya existentes. Hasta que después de mucho intentar recomponerla desde el PC dijo basta, y la muy puta dejó de leer los datos que almacenaba, indicando como corruptos archivos y directorios.

Es una pena que la tarjetita no tenga aparato digestivo... porque todos los archivos que he perdido de buen grado se los metería uno a uno por el culo para luego destriparla y sacárselos de nuevo con el ánimo alevósico de hacérselos tragar. Me tuve que conformar con formatearla a sistema FAT mientras carcajeaba y gritaba: ¡¡¡SUFREEEEEEE!!! ¿Es imprescindible este ritual para formatearla? No, pero desahoga.

Dicho esto... en realidad no es tan grave la cosa. La mayoría de las cosas perdidas han sido juegos para la propia consola y partidas guardadas... aunque precisamente estas últimas son las que más duelen. Tantas horas acumuladas (aunque sean de ocio) para tener que empezar desde el principio... duele. Aún así, no queda otra que aguantarse.

miércoles, 30 de julio de 2008

La historia interminable

Desde muy niño hay algo que siempre he querido hacer y aún a día de hoy no he conseguido: Contar una historia. No me refiero a un cuento breve de unas pocas páginas (cosa que ya he hecho alguna que otra vez con mayor o menor éxito), sino a una historia completa, dilatada, con personajes carismáticos de personalidad bien definida que provoquen diversas emociones en el lector, desde el afecto al odio. Una historia con inesperados vaivenes en la trama, que sorprenda, que interese, que incite a continuar. Sin embargo eso me he venido dando cuenta con el tiempo que no es nada sencillo, porque muchas han sido las obras (en diferentes ámbitos) que he conocido, y entre ellas sólo un puñado me han hecho disfrutar tanto que he llegado a admirar y envidiar por partes iguales a sus autores.

Mentiría si dijese que nunca lo he intentado, porque han sido muchas las veces que he empezado a escribir algo que no he conseguido terminar. Antes o después (la mayoría de las veces más antes que después) he terminado desechando los textos donde comenzaban a entreverse los vestigios de una historia. Por simples, por burdas, por inverosímiles, por ñoñas, por faltas de originalidad e inspiración, por la incapacidad de plasmar de forma fidedigna en el escrito las ideas en mi cabeza. Las razones han sido muchas y muy variadas, pero todas han tenido las mismas consecuencias: papeles arrugados abarrotando la papelera.

Hablan los escritores del terror al papel en blanco. Sinceramente eso a mí me parece una chorrada. El papel en blanco no tiene la capacidad de infundir miedo. Es un punto de partida único y común para todos. Un origen incalificable, imposible de criticar positiva o negativamente, un comienzo sin juicios previos. El miedo no lo infunde el papel en blanco: lo infunde pensar si una vez lo hayas emborronado con tu historia estará peor que al comienzo.

Posiblemente ésta es la razón que me ha hecho interesarme tanto por los videojuegos. Porque las historias que me han sorprendido y conmovido no sólo las he visto en los libros. Muchas veces me he sorprendido a mí mismo envidiando a los guionistas de un videojuego. Pensando en la auténtica obra maestra que es la historia de la que estoy disfrutando, dándome cuenta de que merece ser conocida y sintiendo lástima por todos aquellos que no han disfrutado de ella. La principal razón por la que desde mi vida académica he venido preparando mi futuro profesional en ese mundo no es porque quiera hacer un "Guitar Hero" o un "Brain Training" (¡Hala! Dos nombres de videojuegos de éxito... si ahora digo "tetas" las visitas desde Google se dispararán... =P). Quiero colaborar a crear una gran historia y hacerla llegar a la mayor cantidad de gente. Poner mi granito de arena para llevarla a cabo y sentirme orgulloso por ello. Quizá así en cierto modo vea cumplida mi ambición.

Mientras tanto seguiré intentándolo. Cada noche me meto en la cama y mirando al techo trato de bosquejar en mi cabeza historias y personajes que nunca terminan de convencerme. Seguiré desechando unas por simples y poco inspiradas, y a los otros o bien por falta de carisma, por "planos" o porque a veces quizá muestren una línea de carácter demasiado a mí mismo. Porque aunque dicen los autores que en sus creaciones es inevitable dejar un poquito de tu propia esencia, es algo que no deja de incomodarme. El miedo a que quien no te interesa te conozca demasiado a través de tus personajes es algo que me aterra. El desnudo del alma que dicen (más, más visitas... mwahahaha)... y ese es un tipo de desnudo peligroso. Y no me vale escuchar el socorrido "hazlo para ti mismo sin importar lo que piensen los demás". Eso es una gran falacia, un embuste. Porque igual que los trucos de un mago sólo se convierten en magia cuando se hacen ante un público (para él en solitario sólo son juegos de manos y artimañas), las historias se escriben para los demás, no para uno mismo. Y antes de ese público yo seguiré siendo un feroz censor para un inepto autor.

miércoles, 2 de julio de 2008

Delirios de un pobre chiflado

Al borde de un ataque psicótico escribo las que es posible sean mis últimas palabras en pleno uso de mis facultades mentales. A día de hoy he hecho un escalofriante descubrimiento que cambiará el curso de la historia. Según un estudio que he realizado la calurosa noche del 30 al 1 de Julio, las palomas son capaces de gorjear de noche, desde las cuatro de la mañana hasta mediodía ininterrumpidamente en intervalos regulares de menos de dos segundos. Aún no he descubierto a qué es debido esta anomalía, este inusual comportamiento nocturno (¿quizá los pájaros también celebran que España ganase la Eurocopa?), pero sí puedo concluir que suscita desastrozas consecuencias. Si al matraz añadimos una noche de calor insoportable, dolor lumbar y dificultad respiratoria asmática encontramos la fórmula que provoca la destrucción íntegra de la voluntad del individuo.

Se trata de un proceso rápido en el cual el sujeto comienza revolcándose patéticamente en su lecho, acentuando el dolor lumbar y la necesidad de disipación de calor corporal, que desemboca inevitablemente en una sudoración excesiva. A su vez, este exceso de sudor facilita la adhesión y enredo de las sábanas alrededor de las piernas del individuo, provocando la inmovilización del mismo simultáneamente a un descenso considerable de su moral. Si a estas alturas el gorjeo aún persiste, el sujeto tratará de evitar su audición, cubriendo su cabeza con sábanas, almohada, cojines o sus propios miembros (superiores) con resultados infructuosos. En esos momentos debido a la calor y la fatiga el sujeto comenzará a encontrar dificultades respiratorias en caso de que sufra cuadros de asma o alergias que afecten su conducto respiratorio. A partir de ese momento, todo ese cúmulo de circunstancias unidas al irritante y repetitivo gorjeo, así como las constantes miradas al reloj sobre su mesita se encargarán de ir minando la moral del individuo.

Cuando el sujeto se levante de la cama escasas horas después y debido a la escasez de energías ya no sentirá profundos deseos de venganza e ira pajaricida... sólo aquello que Pelé tantas veces ha sentido... Una terrible impotencia.

Como era de esperar, el sujeto sometido al estudio mencionado he sido yo. Cuando escribo estas líneas son las 2:40 AM de la noche siguiente tras el suceso. He de irme a la cama. Me duele la cabeza, la espalda, los hombros, me pican los ojos y hace muchísimo calor. Tengo miedo... No aguantaré otra noche igual... No puedo morir... no así... yo merezco una muerte por kiki.

En caso de que fallezca sólo quiero dejaros una última voluntad. Subid al tejado, destrozad ese nido y matad a los pollos y sus padres. Pero en orden. Matad y desmenbrad a los polluelos ante la mirada impotente de sus padres... y luego hacédselos comer triturados. Después de eso amputadles las alas a los padres y tiradlos desde el tejado al suelo. Si la caída de ocho pisos no los mata, dejadlos desangrarse ahí. Y si los cabrones no sangran, sacadles un ojo. Gracias. Quién lo haga se ganará un lugar privilegiado en mi sentimental corazoncito.

sábado, 26 de abril de 2008

Fetiches personales

Todos somos un poco fetichistas, y no me refiero al ámbito sexual. Tras esta primera frase que me proporcionará innumerables visitas desde consultas guarras en Google aclarar que me refiero a que todos tenemos algún objeto o prenda al que, al margen de resultarnos útil o estéticamente bonito, le tenemos un especial cariño que lo vuelve insustituible.

Recuerdo un pequeño peluche que tenía de pequeño. Un pequeño perro marrón de nombre Tristón (nombre comercial, no lo bauticé yo) con el que desde que nací dormía cada noche. Un día en el Catecismo (sí, incluso los que no somos precisamente ejemplos de Fe tenemos un pasado) la tutora nos invitó a llevar el próximo día nuestro peluche favorito a la clase. Yo, como no podía ser de otra manera, decidí que Tristón debería ser el elegido. Sin embargo tristemente ese mismo día a la salida de la Catequesis cuando bajaba las escaleras de la mansión de estilo barroco que acogía las clases entre la multitud de niños se me escapó de la mano el peluche, y pese a mis esfuerzos, nunca más volví a encontrarlo. Pese a contar casi con nueve años no fueron pocas las lágrimas que vertí por aquel peluche, aunque debo confesar que en mi infancia he sido, más que sensible, llorón. Mis padres se sintieron obligados a reemplazar aquel muñeco de felpa para consolar a su hijo, pero no consiguieron encontrar un modelo similar (probablemente hubiera sido igual aunque lo hubieran encontrado) y durante mucho tiempo sentí la nostalgia de su pérdida.

A día de hoy cuento con varios de estos fetiches. El ratón del ordenador desde el que escribo tiene ya marcas evidentes del paso del tiempo. La pintura está desgastada en la zona de los botones y donde se apoya la mano, y el logotipo de la marca ha desaparecido completamente. No es un deterioro gratuito: me acompaña desde mi primer ordenador hace ya una porrada de años (¿ocho años? ¿Tal vez nueve? ¿Más? ). Aún así sigue funcionando como el primer día.

También conservo aún por ahí mi primera revista cochina, a la que no sería cabal decir que le tengo cariño, pero sí me recuerda los tiempos en los que los adolescentes de quince años no disponíamos de Internet para saciar nuestros incipientes bajos instintos. Me hace esbozar una sonrisa muda recordar aquellos días. El nerviosismo al comprarla, la tensión por la necesidad de mantenerla oculta en una casa donde era difícil mantener un secreto, la admiración de mis espinillados congéneres…

Sin embargo en la actualidad mi principal fetiche (siempre manteniendo la acepción que he mantenido durante todo el texto) es uno muy diferente: un simple pijama. Un sencillo esquijama granate y gris. Y el motivo que me ha invitado a escribir esto es que… se muere. No recuerdo desde cuando lo tengo ni tampoco cuando se convirtió en mi favorito, pero de ambas cosas puedo asegurar que hace mucho. Y pese a que estoy seguro que he crecido mucho desde entonces (estoy hablando de muchos años), sigue quedándome igual: cómodo, no demasiado suelto ni demasiado prieto. Así que he llegado a la conclusión que ha crecido conmigo. En definitiva, es una entidad con vida propia: como el traje negro de Spiderman. No obstante el pobre ha alcanzado la ancianidad de los simbiontes y empieza a acusar el paso del tiempo. Las cicatrices recosidas le empiezan a pasar factura, nuevos agujeritos surgen espontáneamente por su entramado y el color ya no es el que era. Sin embargo yo soy hombre de un solo pijama, así que aún a día de hoy sólo tengo ojos para él. No sé cuánto tiempo le quedará, pero pienso vivirlo con él intensamente hasta el final. Por eso he querido rendirle este pequeño homenaje. Para que cuando no esté su espíritu siga presente. Sólo me resta decir, mientras me golpeo con el puño en el pecho y me muerdo el labio inferior emocionado, Va por ti campeón ;_;

lunes, 7 de abril de 2008

Si los bichos trabajasen en la tuna...

Un latente sentimiento de odio germina en mí desde hace semanas. Y ahora que se ha hecho visible no puedo contenerlo. No puedo… no quiero hacerlo. Quiero justicia. Quiero venganza. Quiero sangre… su cabeza clavada en una estaca para regocijo de mis más oscuras y sádicas pasiones. Sí, lo confieso sin temores ni vergüenzas: señores, odio a esas putas palomas. Las odio con toda mi alma.

Con la inminente llegada de la primavera parece ser que se aproxima la época de apareamiento de tan simpáticos animalitos, y los traviesos pichones entonan sus cánticos de cortejo para atraer a la ingenua hembra que consienta desahogar sus bajos instintos dando de paso lugar al milagro de la vida. Así que porque los putos pollos de ratas con alas anden salidos tengo que aguantarlos posados en mi terraza gorjeando desde las siete de la mañana, inflando y desinflando el buche al mismo ritmo que lo hacen los mis huevos.

Que sí, que siempre he sido muy tolerante con la naturaleza y sus caprichos, pero la paciencia se va disipando según el sueño aprieta… y para tener bichos que armen escándalo por sus ganas de joder a las tantas de la mañana ya me bastaban mis vecinos.

Puntuales cada mañana me despiertan temprano para que pueda disfrutar a tope el día. Y regularmente a lo largo del día me visitan para entonar sus alegres sinfonías en mi balcón. Más de una vez me he encontrado saliendo al balcón haciendo más gestos con las manos que un controlador aéreo bailando el aserejé con sobredosis de LSD. Y aún así las cabronas no me hacen ni puto caso. Me miran con gesto de incredulidad (o eso me parece, tal vez porque al tener los ojos en los laterales de la cabeza tengan que mirar así, porque lo que son músculos faciales no tienen…) y ahí se quedan. Después sólo me queda dejarlas un instante a reflexionar mientras vuelvo con una escoba en la mano a trote de Kevin Costner en Braveheart echando espuma por la boca. Sólo así se ahuyentan. Y en cuanto me doy la vuelta y vuelvo a correr la cortina escucho el aletear del bicho posándose de nuevo. Me doy la vuelta y ahí está, perenne. Si en vez de pico tuviera labios estoy seguro que mostrarían una sonrisa socarrona.

Ya no me basta con que no vuelvan. Ni siquiera me satisfaría suficiente su muerte aunque fuera incluso a mis manos. Ahora lo que quiero saber donde viven, su nido. ¿Para qué? Muy sencillo. Para que cuando pase su época de celo visitarlas todos los días a las tantas de la mañana, ponerme en la rama de al lado de su nido y gritar “¡¡¡Chico guapo y simpático busca maciza para polvete!!!”. Quiero hacerlas sufrir. Así aprenderían esa bastardas podridas.

Y no os engañéis. Noé no liberó a la paloma para que buscara tierra. Lo que dijo en el momento en el que la soltó fue: “Vete a cagarle el barco a los de Green Peace hija de puta, a ver si te ahogas por ahí”.

En fin, creo que liberadas tensiones ya me siento un poco mejor… hasta mañana por la mañana. Eso sí, al primero que me mencione la “paloma de la paz” me lo cargo.

lunes, 21 de enero de 2008

El tiempo corre despacio pero pasa deprisa

Este mes aún no había escrito nada en el blog. Y eso que era un mes especial. El pasado terminó el año, y con la llegada de Enero empieza el nuevo. Y todos, consciente o inconscientemente, hacemos balance de la etapa que se cierra para afrontar la que se abre ante nosotros con espíritu renovado. Guardamos celosamente todas las vivencias agradables que hemos ido acumulando para recuperarlas cuando necesitemos que un recuerdo nos haga sonreir. Aprendemos de los errores que hemos cometido para no volver a caer en ellos. Y nos insuflamos de un sentir positivo que nos ayuda a afrontar las situaciones difíciles que se nos avecinan. En breves palabras: en mayor o menor medida, pasamos página.

Sin embargo este año me ha pillado un poco por sorpresa. Sin darme cuenta llegaron las Navidades y cuando me quise dar cuenta estaba comiendo la doceava uva frente al televisor. Y no me pareció nada especial.

De niño estaba mucho más involucrado con esas fechas. Y no me refiero simplemente a que (como todos) viviera más las Navidades. No es eso. Me refiero al cambio de año. Percibía el transcurrir de los años como algo cíclico. Cuando una fecha pasaba sentía que sólo tendría que esperar a que pasase un año para que volviese exactamente igual. Cuando un año acababa lo notaba. Notaba el pasar de las hojas del calendario, como terminaba el año abajo a la derecha para comenzar el nuevo arriba a la izquierda. Ahora en cambio percibo todo de forma continuada. Un día sucede al otro, un mes sustituye al anterior y donde un año termina comienza el otro. Vamos hacia adelante, el tiempo no forma bucles. Siento el calendario como un simple artificio. Cierto que así es, pero las cosas no son como son: son como parecen.

Y, principalmente, esta es la excusa razón por la que llevo tanto sin escribir. Soy menos consciente del transcurrir del tiempo. Me mantengo ocupado y los días se me pasan sin prestarles mucha atención, sin darme cuenta. Procuro disfrutar de los momentos que se me ofrecen sin hacer valoraciones sobre ello. No reflexiono sobre lo que ocurre a mi alrededor. En cierto modo permanezco bastante abstraído. Incluso diría que últimamente mi carácter es un poquito más cerebral y menos visceral o pasional. No sé si todo esto es bueno o malo... pero es fácil.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Un asturiano en Polonia

Si alguien me preguntase en este preciso instante como me siento, no podría responderle con exactitud. En primer lugar estoy tremendamente nervioso, excitado por lo que se me viene encima. En segundo, fráncamente animado... porque he tomado la que para mí será probablemente la decisión más importante de mi vida, y lo he hecho de forma sólida y sin titubeos. Sin embargo, en tercer (pero no menos importante) lugar, también tengo un profundo sentimiento de culpa, de tristeza y algo de decepción.

Oficialmente abandono la carrera. Es una lástima hacerlo a falta sólo del proyecto, pero es una decisión ya tomada. Ya he informado a mi director, así que en estos momentos ya estoy oficialmente desvinculado de la Universidad de Oviedo, finiquitando esta relación sin ningún título lamentablemente. ¿A qué viene una decisión tan drástica? Bueno, me ha surgido un trabajo. Un trabajo importante que no puedo rechazar.

De todos es sabido que me gustaría trabajar en el sector de diseño y desarrollo de videojuegos, y en ese ámbito he ido enfocando mis esfuerzos personales. He tratado de aprender todo lo posible y experimentar por mi cuenta para ir adquiriendo experiencia. Incluso mi proyecto estaba muy relacionado con este tema. Es curioso que precisamente mi proyecto haya tenido su parte de protagonismo en todo este embrollo...

Dado las pocas empresas serias dedicadas a este sector en España, nunca pensé en quemar los pocos cartuchos que tenía antes de estar preparado. Sin embargo hace un par de meses sentí la curiosidad de ver si encajaría en el perfil de alguna empresa de este sector... así que envié currículums a las principales empresas desarrolladoras en ámbito internacional. Por supuesto ninguna empresa a las que envié el currículum me contestó siquiera. Lo más gracioso es que me respondiera una a la que no lo envié...

"People can fly" es un pequeño estudio de Polonia que no cuenta con mucha historia... apenas tiene cinco años desde su fundación, pero su primer título Painkiller recibió muy buena crítica, lo que les llevó a ser los encargados de versionar el Gears of War para PC. Al parecer este estudio ha sido comprado por Epic Games (empresa a la que sí envié referencia), y dado que mucho personal ha sido rehubicado en otros estudios de Epic andan escasos de trabajadores.

Así pues, tras reenviar algunas referencias más a su estudio (principalmente algunos diagramas de diseño de mi pfc) en un email a nombre de un tal Adrian Chmielarz me informaba del interés en contar con mis servicios dado que pese a mi juventud demostraba capacidad de análisis y resolución así como un enorme entusiasmo que sería una influencia positiva para el equipo. Además, dado que las titulaciones no son equiparables y dado que he terminado todas las asignaturas, al parecer que consiga el título no es un aspecto demasiado relevante.

No sé que puede haber llevado a estos tíos a coger a un tío sin experiencia previa, pero no voy a poner pegas. Vale, no son un gran estudio... ¡¡pero han hecho grandes cosas!!. En realidad creo que gran parte de la culpa la tiene un tal Xavier Pons que trabaja allí desde hace tres años. Se ha comprometido ha ayudarme en el proceso de adaptación, darme un sitio para dormir mientras no encuentre algo... Nunca hubiera esperado que en realidad entrase a trabajar porque me enchufase un desconocido, pero supongo que entre españolitos tenemos que ayudarnos. =P

En fin, las cosas están así. El próximo 16 de Enero me mudo a Warsaw, Polonia. No, a mis padres no les ha hecho ninguna gracia y ya han dado por concluído el tema: no vas, y menos sin terminar la carrera. Pero como dije al principio, esta decisión la he tomado solo. Sacaré unas perrillas del "fondo común" para el viaje (no es un robo, pienso devolverlas) y, ¡a la aventura! Si es un error, será un error que habré cometido yo solo.

Y aquí viene la parte donde me entra la nostalgia. Porque voy a dejar a mi familia y a mis amigos aquí, y es evidente que no voy a poder veros en un tiempo (probablemente en mucho tiempo). Voy a labrarme una vida lejos, y cuando pueda volver (sólo si es por mis propios medios) no será más que una breve visita, porque mi vida pasará a estar en Warsaw (curioso que hable así de una ciudad que aún no conozco tan siquiera). Os dejaré, pero me alegro de haber podido pasar estos años con vosotros. Gracias a todos los que me dedicasteis un poquito de vuestro tiempo y de vuestra vida. Espero poder volver a veros aunque sea dentro de unos años, y en cualquier caso os deseo lo mejor en vuestra vida. Deseadme suerte... aunque... espero poder veros antes del día 16 para que podais hacerlo en persona. =)

Ays, que nervios... ¡Ha sido todo tan repentino! Perdonad a los que no os lo he dicho antes y gracias a los que ya lo sabíais y habéis guardado el secreto. Hay que ver las vueltas que da la vida...



Editado: Bueno, en este caso el primer desilusionado por no ir a Polonia soy yo... pero tengo que deciros que los que os lo habéis creído sois unos inocentes de aúpa. =P

Siendo 28 de Diciembre me apeteció ver si podía inventarme una trola gorda y ver si alguien llegaba a creérsela, y parece que alguno que otro se la tragó hasta el fondo. Teniendo en cuenta que soy incapaz de mentir en el cara a cara, al menos he logrado tener cierta credibilidad en la historia, lo que no está mal.

Eso sí, ahora tengo en mi lista de cosas por hacer en mi vida visitar Warsow, Polonia =P

viernes, 14 de diciembre de 2007

Prima Tristeza... ¿no te olvidas de salir de mi cabeza?

Abro los ojos: las once de la mañana, una hora prudente para levantarse. La alarma del despertador, fijada a las doce y cuarto, no ha tenido posibilidad de sonar. Suspiro y me doy media vuelta: démosle la oportunidad. Lo que parece sólo un segundo después un estridente pitido me obliga a abrir los ojos, indicándome de paso que ya pasa del mediodía. Suspiro. Bajo un poco las sábanas y la fresca temperatura de la casa por la mañana me espabila de golpe. Subo de nuevo la sábana para protegerme.

El frío no suele ser un inconveniente para mí. Más de una vez he salido de casa a correr algunos kilómetros por el paseo de la ría de Avilés en pantalón corto y camiseta de tirantes. En invierno, mientras llovía a mares y la gente se abrigaba con guantes y bufandas. ¿Entonces? Bueno, tenía un motivo. Ahora ese destello de lucidez que me provoca el impacto térmico me invita a planteármelo. "Piensa un motivo". La jornada no se plantea seductora. Desde la postura levemente incorporada que guardaba, apoyado sobre los codos, vuelvo a desplomarme sobre la almohada. Y en esa postura me quedo quieto mirando al techo durante veinte minutos. Quizá media hora. "Es tarde, tengo que levantarme". Aparto las sábanas de golpe y, como siempre, descuelgo las piernas por el lado izquierdo de la cama. Permanezco unos instantes así sentado, sobre el borde, mirando al suelo. Un suspiro después, deslizo los pies dentro de las zapatillas y me pongo de pie.

Al levantar las persianas la luz del mediodía inunda la habitación. No me paro a mirar fuera ni por un segundo. Ya sé lo que hay. Lo mismo de siempre. Salgo de la habitación y arrastro los pies hasta la cocina para "desayunar". Un zumo de naranja es más que suficiente. En menos de un minuto ya estoy saliendo camino del baño. Mientras me lavo los dientes no puedo evitar ver mi reflejo en el espejo. "Colega, sólo te falta el tetrabrik de Don Simón para poder ganarte un sitio de honor en el metro". Aún así, no pienso afeitarme. No hoy.

Ya en mi habitación pongo algo de música para mientras adecento el cubil: hago la cama, recojo la ropa, despejo la mesa de papeles... esas cosas. Desde la primera nota ya estoy cantando. Eso me anima un poco. Cuando acabo me desplomo sobre la silla del escritorio mientras suspiro, inicio el messenger (que permanecerá abierto toda la jornada aunque apenas le daré uso) y abro el navegador para hacer la rueda de reconocimiento de todas las mañanas: un par de páginas deportivas para ver las noticias nuevas y las caricaturas, tres o cuatro blogs de amigos, alguna página de interés, consultar el correo... y ya está. Apoyo la frente sobre el escritorio hasta que la música deja de sonar. Levanto la vista y ya son casi las tres: hora de comer.

Al acabar tomo un café y me desplomo en un sofá del salón. En "la Sexta", Patricia Conde, Ángel Martín y compañía me hacen desconectar un rato de la realidad y reirme con ellos de lo caricaturesco del mundo en general, y del corazón y el periodismo en particular. Al terminar el programa, no falto a mi cita con "Cómo conocí a vuestra madre", emitida justo a continuación. Cuando miro el reloj ya son las cinco y media. Suspiro. Nada ansioso me vuelvo a mi habitación, enciendo el portátil y me pongo a trabajar en el que será fiel compañero durante muchas tardes de este año y el próximo: mi proyecto fin de carrera. Las horas pasan sin que les preste demasiada atención. Cuando me fijo nuevamente en el reloj ya toca cenar.

Tras cenar y quizá una ducha vuelvo a sentarme frente al escritorio de mi PC. Intento hacer algo creativo: dibujar. Sin embargo todos los papeles acaban arrugados y desparramados sobre la mesa. Suspiro. Lo mejor será ver alguna película o quizá algún episodio de las series que tengo pendientes. Al acabar pasa de la una y media, quizá de las dos de la mañana. Pero no tengo sueño. Los ojos inexpresivos, pero como platos. Me entretengo con cualquier excusa con tal de no acostarme. Cuando por fin me decido pasan de las tres de la mañana.

Y así, el círculo se cierra y vuelvo a enredarme entre las sábanas de las que tanto me costó escaparme por la mañana. Durante diez minutos permanezco tumbado boca arriba, mirando al techo en la oscuridad. Pensando en muchas cosas y en nada al mismo tiempo. Después me tumbo sobre mi costado derecho y permanezco así otro tanto. No intento conciliar el sueño, ya sé que en esa postura me es inútil. Cuando me doy por satisfecho me tumbo estirado boca abajo, abrazando la almohada. Suspiro. Si todo va bien, en otros veinte minutos quizá esté dormido. Más me vale, porque mañana será un duro día... Porque casi seguro que será exactamente igual que hoy. Como lo fué ayer. Y anteayer. Y al otro...

martes, 30 de octubre de 2007

Sin rumbo, coraje ni prisa

¿Qué te pasa? Siempre la misma pregunta que recurrentemente vuelve a mi cabeza, y siempre para quedarse una temporada. Inútil, estúpida e innecesaria... ¿Por qué esa pregunta? ¿Por qué si no quiero pensar en las razones de la respuesta? ¿Por qué si ya las conozco?

Siempre la misma rutina. Un día cualquiera, y sin buscarlas, encuentras de golpe las respuestas que no quieres escuchar a las preguntas en las que evitas pensar pero siempre permanecen en tu cabeza. Porque es muy fácil vivir de la fe (no la beata, sino la que todos tenemos y situamos entre la confianza y la esperanza), pero muy difícil mantenerla cuando se desmontan sus argumentos. Y mucho más cuando, con facilidad y sin pretenderlo, es uno mismo el que lo hace. Cuando sentado a tu frente una imagen de tí mismo, sarcástica y de sonrisa burlona, humilla tus ilusiones. Y durante el tiempo que te acompaña ves con cristalina transparencia la realidad sobre lo que te rodea. Y echas mucho más en falta ciertas cosas. Sin dudas ni titubeos lo admites todo como la verdad única. Y tratas de asumirlo, aunque cueste y duela.

Así pasan varios días, arrastrando los pies más de lo habitual y disimulando con hipócritas sonrisas de medio lado. Donde lo mejor es evitar todas las conversaciones posibles porque hablar con alguien es un ejercicio agotador. Donde todo lo demás da igual. Hasta que un día algo fútil consigue alejarte de tus pensamientos y que los olvides como olvida un niño travieso el sermón de sus padres. Al menos temporalmente, hasta su vuelta inesperada.

¿Quién iba a pensar que la persona más cruel conmigo mismo podría ser yo?

viernes, 5 de octubre de 2007

Triste y sola se queda Fonseca

Ha vuelto a empezar el nuevo curso académico, y por primera vez (al menos desde los tres años) me he librado de sus garras. Gracias al "milagro" de aprobar numérico in extremis post-revisión, este año me he quedado sin asignaturas. Vale, sin duda era el objetivo a cumplir desde el principio, pero no deja de resultar extraño. Las clases comienzan y la cosa no va conmigo en absoluto. Debería estar contentísimo, dar saltos de alegría, estar eufórico... y en cierto modo lo estoy, o al menos lo estuve en los primeros momentos, pero ahora estoy, principalmente, confuso.

Este año se acabaron los innumerables viajes de autobús con trasbordo ida y vuelta. Las carreras entre parada de uno y parada de otro. Se acabaron las ansias iniciales por cuadrar un horario decente. Se acabaron las comidas en marina civil (seguramente hechas con carne de ex-alumnos) donde disfrutaba del momento de relax la mayoría de las veces con buen humor y buena compañía. Y de las otras, en la cafetería, donde tras largo rato del pedido me daba cuenta de que se habían olvidado de mí y tocaba comerse el bocata frío y casi sin masticar para ir a clase a su hora. Se acabaron las clases monótonas garabateando los márgenes de los apuntes, o las portadas de las carpetas de propaganda que dan en la fotocopiadora. Y también las que pasaba cuchicheando y riendo por lo bajo olvidándome a veces de que estaba en un aula. Y sobre todo, se acabaron las incalculables horas sentado en las escaleras, charlando animadamente de nada importante con un siempre café de la máquina en la mano.

Y sí, siguiendo el tópico: he reído y he llorado. Y he conseguido conocer bien a mucha gente, para bien y para mal. Cinco años son muchos años al fin y al cabo, y da tiempo a vivir muchas experiencias (que quizá me anime a ir contando poco a poco) . Sería injusto señalar un año como "el mejor" porque cada uno ha sido especial a su manera. Sí los ha habido mejores y peores, pero todas las experiencias me han ayudado a llegar donde estoy tal y como estoy ahora, donde aunque eche en falta ciertas cosas, estoy muy agradecido y orgulloso de las que he conseguido. Y teniendo bien presente que siempre he sido honesto conmigo mismo y con todos los demás.

De la Universidad me llevo unos cuantos colegas, pero sobre todo algunos de esos amigos1 de los que se dice la expresión "para toda la vida". No son muchos, pero ellos saben muy bien quienes son. En los que confiar siempre y por los que daría todo, porque no sería más que devolverles lo que ya me han ido dando poco a poco. Decir toda la vida quizá es una predicción demasiado anticipada... pero ojalá que sea por mucho tiempo. Si siempre van a seguir siendo igual, cuanto más tiempo, mejor.

Aún me queda ¿un año? (a saber...) haciendo un proyecto fin de carrera de iniciativa propia del que espero poder estar muy orgulloso, pero que llevaré a cabo desde casita. Y por todo esto, un año sin pisar la facultad me va a resultar muy extraño...





(1): Por si la escrupulosidad de la palabra no llegara a dejarlo entrever, por amigos trato de englobar ambos sexos, porque me parece ridículo usar "@" o similares artificios en dos de cada tres palabras. En cualquier caso, insisto en que eso no debería despistar en absoluto de reconocerse en este marco a quién realmente está por méritos propios.

lunes, 13 de agosto de 2007

Nos veremos en el infierno, bastardos podridos...

Hoy me siento orgulloso de mí mismo. He hecho las cosas como hay que hacerlas y me puedo marchar con la cabeza bien alta. Para quien no sepa de que estoy hablando, basta con que lea el post "Desilusión laboral" de este mismo mes, y enseguida comprenderá.

Durante toda esta semana, desde mi discusión con mi jefe por el tema del sueldo, me he dedicado a dejar las cosas que había empezado acabadas. Les he restaurado el equipo donde, irresponsablemente, mantenían la única copia de toda la información digital de la empresa (salvando la copia de seguridad que yo mismo hice al poco tiempo de llegar) y vuelven a tener todo en orden. Además también he acabado de retocar detalles de la web que se me habían encargado.

Cabe destacar que hoy era el último día que yo mismo me había planteado de márgen para obtener una respuesta a mis inquietudes de cara a tomar una decisión. Sin embargo, no he necesitado siquiera la necesidad de tomar yo mismo la iniciativa: hoy mismo fuí llamado ante el jefe para comunicarme la respuesta a mis dudas. Una vez a solas con él, fué tajante: Las cosas se quedan como están. "Sin lugar a discusión, imagino...". Ante eso sólo obtuve un leve encogimiento de hombros. Sin variar el tono ni la actitud, me levanté diciendo "Pues por mi parte, nada más". Por fin conseguí reflejar la duda en la cara de ese hombre: "¿Qué quiere decir eso?". En ese momento ya estaba de espaldas tratando de abrir esa maldita puerta que se atasca: "Si me disculpa un momento, ahora mismo se lo aclaro". Salí del despacho y volví a mi sala habitual de trabajo. Allí, de mi maletín saqué la carta de dimisión que me lleva acompañando toda la semana (por supuesto, actualizando convenientemente las fechas) previendo este momento. Comprobé que el texto y los datos fueran correctos y lacré el sobre. Volví ante su presencia y con las palabras "Aquí se aclara" se lo entregué. Inmediatamente volví a mi sala a recoger mis pertenencias. Por ese día mi jornada había acabado, y además esta vez era para no volver. Cuando ya me marchaba, antes de despedirme, me comunicó que a partir de la semana próxima se me ingresaría la liquidación. Que irónico. Sólo en la liquidación de lo que va de mes faltarán dieciocho euros. Y si contamos el total de lo que llevo trabajado, contando el dinero del profesor que me contrató y cuyo dinero ha pasado a ser patrimonio de la academia cuando debería ser mío, la deuda asciende a los ciento treinta y dos euros. Preferí mantenerme callado. Ya no merece la pena discutir. Que hagan lo que quieran, ahora sí, allí no me vuelven a ver el pelo jamás.

Para acabar la odisea, hace escasas horas llamé al profesor que me contrató inicialmente. En primer lugar, para comunicarle que había presentado mi dimisión, por lo que me sentía obligado a despedirme de él. En segundo, agradecerle su apoyo aunque las cosas salieran mal. Y en último lugar, para que supiera, que aún ahora su dinero no me había llegado a mí en ningún término, si no que la academia para la que trabaja se había adueñado de él de manera ilícita.

Y aquí estoy. Otra vez sentado delante de mi ordenador. Por una parte indignado e incrédulo, por haberme encontrado con una empresa cuya administración es capaz de perder toda su credibilidad por cuatro duros. Que es capaz de faltar a su palabra sin sonrojarse. Y lo más bochornoso: que es capaz de quedarse con dinero que no lo corresponde y cuya única actividad a realizar con él sería la de actuar como intermediario entre dos de sus trabajadores.

Por otra parte me siento aliviado, por saber que esta situación ha acabado. Y además no creo que pudiera haber acabado mejor. Una actitud como la que he recibido es muestra de que todo lo ocurrido no ha sido consecuencia de un error, lo que conseguiría mantenerme en un perenne estado de desconfianza. Y trabajar en un sitio por cuatro duros y en estado de tensión no es lo que busco en estos momentos.

Y en último lugar me siento orgulloso. Orgulloso de mí mismo por no dejarme engañar ni embaucar. Al menos no más de lo que ya han conseguido. Me tomaron por un pippiolo sin carácter y al final el perro pequeño no ha dudado a la hora de ladrarle al grande. Y haciendo saber con argumentos concluyentes que hay razones de peso para hacerlo. Con lo fácil que era mantenerme contento, no supieron jugar bien. Y al final, se les ha roto el juguete.

¿Y ahora qué? Pues me remito a unas palabras que dije hace menos de dos meses. Carpe Diem. Está claro que las cosas siempre me salen mejor cuando me las topo a cuando las planifico. Ya se verá.

viernes, 10 de agosto de 2007

Tecnología putera... ¡digo puntera!

Ayer tocó salir a tomar el aire, liberarse del stress, disfrutar del reluciente sol sobre la piel... Bueno vale, es verdad... la razón principal por la que fuí hasta Gijón fué recoger el Battlefield 2142 que me había reservado Zorro . Además aprovechamos para consultar cuanto cuesta alquilar la pista de karts para una carrera privada (calentamiento, clasificación, varias carreras y podio...), llegando a la conclusión de que es carillo... pero si se tiene interés, hay posibilidades que merecen la pena.

Sin embargo, el momento cúspide del día llegaría en el Carrefour. Allí y tras estar media hora mirando libros (¡¡buah tío!! ¡¡vaya desfase el jueves ahí a lo loco... comprando libros!! ¡¡Menudos bandarras y canallas viva-la-virgen que estamos hechos!! Menos mal que a las pivitas les gustan rebeldes), apareció en una estantería cercana la obra cúspide de la tecnología digital, la cima de entre todos los videojuegos existentes y por existir... Lula 3D.

Allí, mezclado inocentemente entre otros juegos mediocres como Tomb Raider Legend, Battlefield 2 Collection o Company of Heroes se encontraba esta auténtica joya. Los videojuegos a día de hoy son productos que llevan años de desarrollo, y manejan cantidades similares al cine tanto en costes como en ingresos producidos. Título tras título refinan la calidad visual de los mismos incorporando técnicas que recreen nuestra realidad de la forma más verosímil posible, llegando incluso a incorporar defectos en nuestra percepción de la realidad (como el depth of field o el lens-flare) a fin de hacer parecer el entorno más real y natural. Sombras e iluminación dinámica, bump-mapping, normal-mapping o environment-mapping son sólo algunos de los infinitos nombres de tecnologías que se han ido incorporando en el ámbito visual. Sin embargo, los ingenieros de todas las grandes compañías no podían ni siquiera sospechar que un pequeño estudio iba a desbancar todas esas paparruchas incorporando en su videojuego estrella la tecnología definitiva. Con un bautismo magistral para la misma, la caja publicita sus logros con un vistoso anuncio en la contraportada: ¡tecnología de tetas bamboleantes!

Tras la estupefacción inicial, y las consecuentes carcajadas, me decidí a inmortalizar tamaños logros en unas fotografía vía teléfono móvil... porque a quien se lo cuente sin pruebas, seguro que no se lo cree...






Portada de la obra maestra




Detalle de la contraportada

P.S.: Para los más curiosos, he encontrado este vídeo del juego donde se aprecia en todo su esplendor toda su calidad: http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=44334