lunes, 21 de febrero de 2011

FF: Chapter 1 (english)

Selina Aramar put her hand on her right toe once again. Like the previous five times, she couldn't avoid a grimace of pain when the tips of her fingers brushed her ankle, but this time even a tear escaped from her eye by the corner flowing fast over her cheek and getting lost plunging from her chin. She didn't need more confirmations, since the beginning she was convinced it was broken, but she didn't know what to do. The pain clouded her reason and avoided her from thinking clearly.

– Shit! Fucking crap! – she shouted in the eerily silent darkness. She felt much more helpless and frightened than angry, but she tried to sound rude and violent to boost her bravery. It didn't work. Suddenly, she broke in sobs accompanying the sound of the crickets in a melancholic orchestra. Then she heard it.

Steps. Crack of rotten branches and gashing of gravel. Rustle of leaves and the rhythmic sound, almost musical, of horse's hooves. She stopped whining. She felt the fear paralyzing her as a fist blowing her stomach, and then the adrenaline rush pumping in the bloodstream and returning some of her lost lucidity. For a moment she forgot the pain, but the sudden movement driven by the survival instinct instantly recalled it to her as a electrifying stab of pain spreading along her leg coming up to the thigh. She tried to crawl, at the beginning using her elbows, then leaning on his forearms, and at the ending embedding her fingers in the floor, scratching the wet mix of gravel and mud. She had barely moved two meters and had at least another six to reach the embankment covered by chestnut trees and ferns that she wanted to use as hideout… and the steps sounded too close. She noticed the hollow pattering of the mount at the walk only a few meters in the dark.

– Trackers... those sons of a bitch will stab me like a watermelon and they will decorate the path with my innards. – muttered to herself. She reproached herself not had realized about it before, being always so careful, so alert. – How couldn't I not hear them? They are noisier than a fucking saucepan hawker! Pah, the quagmire muffled the noise from those bastards... the damn rain. – she tried to execuse herself. But she knew that she was just deceiving herself. After all, in Estuvert was always raining. But she was just too proud to admit that she was too scared to pay attention to anything.

Finally, she gave up. She lay down on her back, extended in the middle of the path, resigned. She felt the raindrops on her face and the damp on the track soaking her ripped clothes to the bone. The shadows slowly revealed the blurred form of a man walking along with her beast, holding firmly the reins. Selina felt her lips trembling, doubting the expression to show, and her eyelids barely retaining a sea of tears about to overflow.

domingo, 20 de febrero de 2011

FF: Capítulo 1 (español)

Selina Aramar se llevó una vez más la mano al tobillo derecho. Como las cinco veces anteriores no pudo evitar la mueca de dolor que se dibujó en su cara con el simple roce de las yemas de los dedos, aunque en esta ocasión además una lágrima se le escapó por el rabillo del ojo fluyendo rápida sobre su mejilla hasta perderse precipitándose desde su mentón. No necesitaba más confirmaciones, desde el principio se convenció de que estaba roto, pero no sabía qué hacer. El dolor le nublaba la razón y le impedía pensar con claridad.

– ¡Mierda, joder! ¡Puta mierda! – gritó en la inquietantemente silenciosa oscuridad. Se sentía mucho más impotente y asustada que enfadada, pero intentó sonar ruda e impetuosa para darse valor. No funcionó. Repentinamente estalló en ahogados sollozos que acompañaban a los grillos en una orquesta melancólica. Entonces lo escuchó.

Pasos. Crujir de ramas podridas y gravilla. Remover de hojas y el sonido rítmico, casi musical, de los cascos de un caballo. Dejó de lloriquear. Sintió el miedo como un puño en el estómago paralizarla por unos segundos y acto seguido la adrenalina disparándosele en el torrente sanguíneo y devolviéndole parte de la lucidez perdida. Por un momento olvidó el dolor, pero el repentino movimiento impulsado por el instinto de supervivencia se lo recordó al instante a modo de electrizante punzada que le recorrió la pierna hasta el muslo. Intentó arrastrarse ayudándose primero de codos primero, luego apoyándose sobre los antebrazos para acabar incrustar los dedos en el suelo, arañando la mezcla húmeda de gravilla tierra. Apenas se había movido un par de metros y le quedaban al menos otros seis hasta llegar al terraplén protegido de helechos y castaños que quería usar como escondite… y los pasos sonaban ya muy cerca. Percibía el repiqueteo hueco de la montura desplazándose al paso a pocos metros en la oscuridad.

– Rastreadores… esos hijos de puta me rajarán como a una sandía y decorarán el camino con mis tripas – murmuró para sí misma. Se reprochó mentalmente no haberse apercibido antes, ella siempre tan alerta, tan atenta –. ¿Cómo no pude escucharlos? ¡Si son más escandalosos que unos putos vendedores de cacerolas ambulantes! Bah, el jodido barrizal amortiguó el escándalo de esos cabrones... la maldita lluvia – trató de excusarse. Pero sabía que se engañaba a sí misma. Al fin y al cabo, en Estuvert siempre llovía. Simplemente era demasiado orgullosa como para reconocer que estaba demasiado asustada para prestar atención a nada.

Finalmente se rindió. Se tumbó extendida boca arriba en medio del camino, resignada. Sintiendo las gotas de lluvia sobre el rostro y la humedad del camino calarle la desgajada ropa hasta los huesos. De las sombras asomó despacio la difusa figura de un hombre que caminaba junto a su bestia sujetando las riendas en corto. Selina sintió sus labios temblorosos no sabiendo que mueca representar, y sus párpados sosteniendo a duras penas un mar de lágrimas a punto de desbordarse.

sábado, 19 de febrero de 2011

Fantasy Forward

Bueno, quien me conoce un poco sabe que soy una persona con demasiadas inquietudes para la perseverancia disponible. Me gusta hacer de todo, y precisamente por ello me cuesta concentrarme en una sola cosa. Sin embargo, una cosa que vengo haciendo con bastante regularidad desde hace ya bastantes años es escribir. Me gusta, me relaja, y me resulta más natural y menos arduo que otros "hobbies creativos". Por eso me he sorprendido últimamente dándome cuenta lo abandonado que lo tenía.

Por otra parte, últimamente por motivos que no vienen al caso he recuperado mi interés por el lenguaje de Shakespeare. Por aprenderlo en mayor profundidad, entenderlo con naturalidad y expresarme fluídamente de forma rica y, evidentemente, correcta. Ya va siendo hora de superar ese "nivel medio" del que presume todo español que se precie en su currículum. Quiero dejar de sentir las ataduras que impiden hablar con la libertad que se muestra en la lengua materna. Evitar que se produzca esa desagradable sensación de reiteración y reutilización de las mismas construcciones y expresiones hasta la extenuación. En resumen: hablar inglés bien, coño.

Por eso me he decidido a juntar las dos cosas en un ejercicio. Voy a escribir una historia de fantasía... y voy a traducirla al inglés. Así mato una puta bandada de un solo tiro. Por un lado hago ejercicio de imaginación, por otro de gramática y ortografía castellana, y para colmo practico el idioma de los británicos. Y para hacerlo me voy a decidir a saltarme a la torera la principal norma que todo autor que se precie debe tener como premisa: saber a donde vas. Yo no tengo ni puñetera idea de a donde va a ir. Voy a tirar pa'lante. A improvisar. Por eso se me acaba de ocurrir, a falta de mejor título, etiquetarlo todo bajo el nombre Fantasy Forward (uséase: fantasía pa'lante).

La periodicidad es indeterminada, pero por mi propio bien procuraré ser aplicado. Lo mismo pasa, como era de esperar por la condición inicial impuesta, con la duración. Veremos cuantas entradas me dura la tontería.

Mañana empiezo :)

sábado, 21 de agosto de 2010

Veletas ("Dart Flights") artesanales

Hace unos días, paseando por los pasillos de un conocido centro comercial me topé de narices con uno de esos chismes que te tienen el poder de atraerte hacia ellos con sus cantos de sirena, invitándote a que te atrevas a manosear su embalaje mientras con una leve sonrisa dibujada en los labios fantaseas con las posibilidades de diversión que le podrías sacar...

...pero decidí dejar los condones en su sitio y dedicar mi dinero a algo más productivo para mi actual vida de retiro espiritual involuntario. Como una diana. Sí, una diana estaría bien. Y si fuera electrónica ya sería la repanocha. Y allí mismo ante mis ojos se exhibían dos alternativas de diferente tamaño. Con la inicial idea de comprobar cual de las dos se adaptaría mejor a mis necesidades cogí la mayor para acto seguido fijarme en el precio. Una vez mentada la progenitora del artilugio la volví a depositar cuidadosamente en la balda donde la había cogido. Me atreví a coger la segunda... y ahí el precio me resultó infinitamente más razonable. Débil, como la carne de la que estoy hecho (y que generosamente ofrezco a toda muchacha de turgentes fibras interesada en probarlas), no pude sino sucumbir ante el principal pilar que sostiene el sistema capitalista: los caprichines.

Con una sonrisilla de infante ilusionado y satisfecho, la llevé a casa debajo del brazo.Y así empezó el pique. Y las partidas encadenadas. Y el tener que compartir los dardos constantemente porque la diana sólo viene con dos juegos y las partidas son de tres jugadores. Entonces recordé que yo ya había tenido una diana (de las corrientes, no electrónica), y muy probablemente algún dardo todavía rondaría por entre los cajones. Aparecer, aparecieron... pero como veteranos de guerra mutilados: puntas dobladas y sin veletas. Pero como soy hombre de recursos, me remangué (metafóricamente, porque con este calor cualquiera se pone manga larga...) y me puse manos a la obra.

El primer problema es que las puntas de repuesto de la diana eran de rosca más gruesa que la de los barriletes de los dardos viejos. No problemo. Un poco de lija fina y... ¡como un guante! Pero aún quedaba el problema principal: sin veleta, al lanzar el dardo es como tirar un palo a un perro, sale volando dando vueltas como recién salido de la mano de un lanzador de cuchillos.

Me puse a pensar un poco (pensar == buscar por internet si alguien ya ha hecho lo que necesitas), y encontré una alternativa bastante básica, pero que parecía aceptable. Estaba convencido de que pegar varios papeles sueltos para hacer la veleta era una guarrada, pero esta solución consistía en conseguir la veleta doblando un papel de 4x4 cm. No obstante el diseño final era muy pobre... demasiado básico. Pero como la idea era buena, la tomé como base para mi diseño. Una vez elegida la forma y dibujado el desarrollo, el resultado de la plantilla fué el que esquema que dejo a continuación, por si le pudiera servir de ayuda a alguien.



Sólo quedaba ponerle un bonito diseño (en mi caso los "cuernos" del heavy entre unas alas netras y tras una banda flotante con mi nombre) e imprimir en papel de 120gr. Plastificar con forro adhesivo para libros, recortar y doblar "en monte" por las marcas grises continuas y "en valle" por las punteadas (obviamente esas marcas no las imprimí, son únicamente para el esquema explicativo). Aplicar un poquito de pegamento para papel en los bordes de la figura por el dorso y... voilà, unos dart flights artesanales, personalizados y bastante resultones. Testimonio gráfico a continuación :)


lunes, 2 de agosto de 2010

Yo tenía un blog...

Es una de las frases que más me vienen a la cabeza últimamente... "Yo tenía un blog". Y con ella me viene a la cabeza todo el tiempo ha pasado desde que un día decidí probar suerte y escribir algo medianamente coherente que fuera visible y accesible para todo aquel que quisiera verlo. Y la experiencia me gustó.

Tras ello vino une época incluso en la que me lo tomé en serio. O al menos todo lo serio que se puede tomar uno el tratar de hacer humor. Escribí una serie de ¿monólogos? con cierta regularidad de los que me siento satisfecho (orgulloso me parece demasiado decir, sobre todo releyéndolos años después), y que me permitieron recibir algunas felicitaciones de personas anónimas, ajenas a mi entorno. No muchas evidentemente, pero las suficientes como para sentir la agradable sensación de que a alguien considera divertido algo que has hecho con tal fin.

Después de eso me dí cuenta que la constancia y el esfuerzo que me requería llevar a cabo esos textos estaban consiguiendo que perdiese mi afición por ello, así que decidí cambiar de objetivo. Pasé a usar el blog como vía de escape... una columna de opinión donde expresar mis sentimientos y opiniones, mis decepciones, mi alegría o mi más profunda indignación. Y todo ello intercalado con la constante de publicar dibujos de cosecha propia ocasionalmente.

Y precisamente esa afición que me acompaña desde niño por dibujar (¡o por intentarlo!) me llevó a empezar a dibujar alguna tira cómica non sequitur, e incluso plantearme la idea de hacer un comic completo, con una historia entera a desarrollar en episodios. Sin embargo, cada vez que intento dimensionar el esfuerzo que conllevaría me doy cuenta que no es una golosina con la que saciar el capricho de una tarde tonta de domingo. Me topo con la realidad del trabajo necesario para llevarlo a buen puerto y postergo indefinidamente la decisión final de si intentarlo por no querer creérmelo del todo... por si en algún momento la evaluación acaba determinando que ese esfuerzo me compensaría.

Y así llegamos al dia de hoy, donde cumplen ocho meses desde que publiqué mi última entrada. Última entrada que ya había sido bastante descafeinada. ¿Y entonces? ¿Qué pasa? Pasa que llevo un tiempo que me noto dando bandazos como un niño caprichoso, no acabando de decidir donde quiero invertir mis esfuerzos. Queriendo abarcar mucho, y por ende, apretando poco. Y desaprovechando y derrochando ese bien cada vez más escaso y más valioso que es el tiempo.

No obstante, no he estado de brazos cruzados todo este tiempo. Pese a todo, he empezado a hacer cosas que quería hacer y de las que espero empezar a ver resultados pronto. Y he hecho propósito de recuperar viejos y saludables hábitos descuidados, como puede ser volver a escribir con cierta regularidad. No sé sobre qué, pero ya va siendo hora de recuperar la capacidad de improvisación que antes explotaba tanto. Hay que ponerse manos a la obra...

martes, 15 de diciembre de 2009

Reflexiones Fin de Carrera

Pues nada, este viernes pongo punto y final a mi trayectoria universitaria y me quito de encima, de una vez por todas, la losa que ha supuesto el proyecto fin de carrera.

Empecé el proyecto con un enorme entusiasmo, pero por diversas circunstancias (las más graves ajenas al propio proyecto), el desarrollo se fué extendiendo más de lo inicialmente previsto, la moral fué decayendo, y el interés mermando. Empezó a acompañarme permanentemente la sensación de estar permanentemente cansado, junto a otros sentimientos nada agradables y que no deseo para nadie.

Vi desmoronarse el mundo a mi alrededor, todas las cosas que siempre había dado por sentadas. Nunca he sido una persona insegura, y en cambio perdí gran parte de la confianza que tenía depositada en mi mismo. La cabeza siempre ocupada en otras cosas, incapaz de concentrarme en trabajo alguno... y sin embargo aún intentándolo. Porque hay cosas que no estan en manos de uno arreglarlas, y sólo queda sobreponerse a la impotencia que te provocan... Pero cuando hay una espinita que te molesta y sólo depende de tí, hay que hacer todo lo posible por arrancarla.

Tocó apretar los dientes y tirar adelante. En la vida y en el proyecto. En el proyecto he conseguido el objetivo planteado. En la vida me queda mucho por conseguir, espero. Pero de momento he recuperado la confianza y, pese a las dificultades, también las ganas de reír, de divertirme y de disfrutar. Y voy a hacer todo lo posible por conseguirlo.

En realidad no planeaba escribir nada de lo que he escrito. Ni siquiera estaba pensando en todo eso. Y sin quererlo, ahí esta. Lo que al principio iba a ser un "el viernes presento el proyecto... y de paso aquí os dejo un dibujaco que acabo de hacer" me ha quedado más largo de lo que podía imaginar. Supongo que son esas cosas que a veces uno necesita decirse a sí mismo.

No obstante eso no cambia lo del dibujaco caricaturesco. Ahí queda.

lunes, 5 de octubre de 2009

¡Festival del humor! - II: Libertinaje, vicios y excesos veraniegos (con pelos y señales)

Siguiendo con el ciclo iniciado en el anterior post (léase mantener actualizado el blog sin tener que dejar de rascarme los cojones la barriga), he aquí el segundo de los post dedicados a recuperar del olvido los monólogos escritos cuando servidor aún tenía "cierta gracia" y no era un trabajador aburrido y amargado una persona tan ocupada como a día de hoy.

Por cierto, nótese que el orden de publicación no sigue (ni seguirá) patrón alguno =P



Libertinaje, vicios y excesos veraniegos (con pelos y señales)

(publicación original: 21/07/2005)


Por fin, tras días y días de interminable sufrimiento, llega el verano. Y esta vez llega a lo grande: sin responsabilidades para Septiembre. Consigue que te sientas rejuvenecido y feliz. Jovial y pizpireta como una Caperucita Roja adolescente. Ahora que tienes tanto tiempo libre por fin podrás realizar todas las actividades que tenías planeadas desde hace tanto. Así que no puedes esperar para ponerlas en práctica: corres a la nevera y coges esa coca-cola fría del fondo, y de ahí a toda velocidad al sofá delante de la tele. La enciendes y te das cuenta como sus influjos van haciendo mella en el subconsciente. La tensión desaparece y las neuronas van apagándose poco a poco. Ellas también se merecen sus vacaciones. Que conste que no es fácil una operación de este calibre de apijotamiento, pero 15 anuncios de “Abdominator 5000” (con garantía de calidad de Chuck Norris) y 6 apariciones de Yola Berrocal después, la tarea está más que superada. Sólo quedan funcionales las neuronas estrictamente necesarias para respirar, comer, beber y mear. Respecto a la función comunicativa, reservas las frases “suprema con champiñones. birra. “¡¡no hay papel!!” y “¡¡vaya jaca!!”. Con eso tienes más que superada la supervivencia estival, así que ¿para qué forzar?

Para cuando recobras (accidentalmente) el sentido ya han pasado varios días y descubres que podrías usar los lamparones de la camiseta como calendario de forma fiable. Es entonces cuando llega la gran revelación: un anuncio de maquinillas de afeitar. Ahí está ese tío que se levanta de la cama como recién peinado. Y sonríe feliz. ¿Como no va a sonreír?, si viendo la luz que entra por las cristaleras de su casa deben ser las 2 de mediodía… ¿Ese tío no trabaja? ¿Es broker de bolsa? El caso es que gracias a él descubres que para tener la casa de la Preysler no hace falta ser rico. Y que para levantarte a la hora que te salga de las narices no hace falta ser jefe. Que no tienes que usar diez litros de laca para levantarte peinado. Y aún es más, que ni siquiera tienes que salir a ligar para conseguir a tu lado a una mujer de infarto ansiosa de colmar tus deseos más libidinosos. Lo único que tienes que hacer es usar esas maquinillas, que ya te arreglan la vida. Y para colmo queda patente que el apurado del afeitado es la hostia sin duda alguna, porque al tío lo han vuelto barbilampiño. No tienes muy clara la veracidad de la publicidad, pero ver como la bella muchachita le hace carantoñas termina de animarte. Al fin y al cabo necesitas un afeitado antes de que las fuerzas especiales entren por la ventana del salón y te arresten por pertenencia a banda armada confundiéndote con Mohamed-Al Kahala-Ah, así que decides levantarte.

Tres intentos después lo logras. Las piernas te fallan pero la fuerza de voluntad y la persistencia ganan a los efectos secundarios del sillón. Antes de cerrar la puerta para salir a la calle se te escapa una lagrimita nostálgica cuando miras al sofá. No obstante supones que no te costará demasiado encontrar de nuevo la postura, más que nada porque ha quedado marcada como si fuera un molde de plastilina (“play-doh” que dicen ahora…). Si te hubieran asesinado a la policía forense no le habría hecho falta marcar el contorno con cinta adhesiva blanca. Las despedidas siempre son duras, y más tras tantos días juntos… así que sin más vuelves la mirada y cierras la puerta. Suspiras y sales a la aventura.

Cuando llegas al supermercado descubres que las cosas han cambiado mucho desde tu última visita. Sí, porque los de los supermercados son igual que las madres. Piensan que cambiando las cosas de sitio dan un soplo de aire fresco, un giro innovador al comercio. A mí lo que me parece es que donde antes estaba la mantequilla ahora están los tampones… y no se para otros, pero a mí no me sirven para conseguir un desayuno equilibrado. Desorientado optas por preguntar a alguna empleada de las que vagan por los pasillos sin labor aparente pero dos descargas de spray-antivioladores después decides que lo mejor será encontrarlas por ti mismo. Además termina por confirmar la teoría de que necesitas un afeitado urgentemente.

Minutos después, por fin te encuentras ante el stand de las maquinillas. Y entonces es cuando la indecisión se apodera de ti. Por un lado las bic siegaespinillas ultraplus, por otro las Wilkinson ordenadas en escala ascendente según el número de cuchillas (dos, tres, cuatro, cinco y así hasta veinte o treinta) y que si te descuidas de una pasada te vuelven metrosexual, y al fondo la Gillete Match Ultratembleque que va a pilas y sin necesidad de mover tú la mano ya te la menea (y la maquinilla también). En principio te rindes al tópico de que todas son iguales y optas porque lo mejor será llevar las más baratas, pero cuando ves que el hermano secreto de Freddy Krueger se te adelanta decides que quizá puedas optar a algo mejor. Así que coges unas Gillete de las normalitas y te marchas para casa antes de que la luz solar vaya a hacer mella en tu piel de forma irremediable.

Y en casa ocurre la segunda revelación. Debajo de esa apariencia de hermano peludo de Chewbacca se esconde una persona. Sientes la reconfortante sensación del aire acariciando la piel. El frescor de la brisa cantábrica azotando con suavidad la cara para aliviar el bochorno veraniego. Entonces es cuando tomas la decisión: no puedes desperdiciar así un verano tan estupendo desparramado sobre el sofá. Así que sin remolonear más decides que lo mejor será… desparramarte sobre la silla del ordenador, que a veces hay que variar…