Desde muy niño hay algo que siempre he querido hacer y aún a día de hoy no he conseguido:
Contar una historia. No me refiero a un cuento breve de unas pocas páginas (cosa que ya he hecho alguna que otra vez con mayor o menor éxito), sino a una historia completa, dilatada, con personajes carismáticos de personalidad bien definida que provoquen diversas emociones en el lector, desde el afecto al odio. Una historia con inesperados vaivenes en la trama, que sorprenda, que interese, que incite a continuar. Sin embargo eso me he venido dando cuenta con el tiempo que no es nada sencillo, porque muchas han sido las obras (en diferentes ámbitos) que he conocido, y entre ellas sólo un puñado me han hecho disfrutar tanto que he llegado a admirar y envidiar por partes iguales a sus autores.
Mentiría si dijese que nunca lo he intentado, porque han sido muchas las veces que he empezado a escribir algo que no he conseguido terminar. Antes o después (la mayoría de las veces más antes que después) he terminado desechando los textos donde comenzaban a entreverse los vestigios de una historia. Por simples, por burdas, por inverosímiles, por ñoñas, por faltas de originalidad e inspiración, por la incapacidad de plasmar de forma fidedigna en el escrito las ideas en mi cabeza. Las razones han sido muchas y muy variadas, pero todas han tenido las mismas consecuencias: papeles arrugados abarrotando la papelera.
Hablan los escritores del terror al papel en blanco. Sinceramente eso a mí me parece una chorrada. El papel en blanco no tiene la capacidad de infundir miedo. Es un punto de partida único y común para todos. Un origen incalificable, imposible de criticar positiva o negativamente, un comienzo sin juicios previos. El miedo no lo infunde el papel en blanco:
lo infunde pensar si una vez lo hayas emborronado con tu historia estará peor que al comienzo.
Posiblemente ésta es la razón que me ha hecho interesarme tanto por los videojuegos. Porque las historias que me han sorprendido y conmovido no sólo las he visto en los libros. Muchas veces me he sorprendido a mí mismo envidiando a los guionistas de un videojuego. Pensando en la auténtica obra maestra que es la historia de la que estoy disfrutando, dándome cuenta de que merece ser conocida y sintiendo lástima por todos aquellos que no han disfrutado de ella. La principal razón por la que desde mi vida académica he venido preparando mi futuro profesional en ese mundo no es porque quiera hacer un
"Guitar Hero" o un
"Brain Training" (
¡Hala! Dos nombres de videojuegos de éxito... si ahora digo
"tetas" las visitas desde
Google se dispararán...
=P). Quiero colaborar a crear una gran historia y hacerla llegar a la mayor cantidad de gente. Poner mi granito de arena para llevarla a cabo y sentirme orgulloso por ello. Quizá así en cierto modo vea cumplida mi ambición.
Mientras tanto seguiré intentándolo. Cada noche me meto en la cama y mirando al techo trato de bosquejar en mi cabeza historias y personajes que nunca terminan de convencerme. Seguiré desechando unas por simples y poco inspiradas, y a los otros o bien por falta de carisma, por
"planos" o porque a veces quizá muestren una línea de carácter demasiado a mí mismo. Porque aunque dicen los autores que en sus creaciones es inevitable dejar un poquito de tu propia esencia, es algo que no deja de incomodarme. El miedo a que quien no te interesa te conozca demasiado a través de tus personajes es algo que me aterra. El
desnudo del alma que dicen (más, más visitas...
mwahahaha)... y ese es un tipo de desnudo peligroso. Y no me vale escuchar el socorrido
"hazlo para ti mismo sin importar lo que piensen los demás". Eso es una gran falacia, un embuste. Porque igual que los trucos de un mago sólo se convierten en magia cuando se hacen ante un público (para él en solitario sólo son juegos de manos y artimañas), las historias se escriben para los demás, no para uno mismo. Y antes de ese público yo seguiré siendo un feroz censor para un inepto autor.